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La batalla de los bonos

LONDRES – Todo el mundo sabe que Grecia suspenderá los pagos de su deuda exterior. La única cuestión estriba en la forma mejor de organizarlo para que nadie entienda en realidad que así es.

A ese respecto, no faltan planes de expertos: entre ellos, la recompra de bonos, la permuta de bonos y la creación de eurobonos, versión europea de los bonos “Brady” emitidos por países latinoamericanos que suspendieron pagos en el decenio de 1980. Todos esos bonos equivalen a apilar un lote de bonos sobre otro para intentar cuadrar el círculo de la incapacidad de Grecia para pagar y reducir al mínimo las pérdidas que afrontan sus acreedores, la mayoría de ellos bancos europeos.

Todas las semanas, una ridícula camarilla de banqueros y ministros de Hacienda europeos se arrastra de una capital a otra para examinar qué plan de suspensión de pagos o reestructuración adoptar. Entretanto, la agonía de Grecia continúa y los “mercados” esperan para abalanzarse sobre Portugal, Irlanda, Italia y España.

Nadie que no esté muy versado en los tejemanejes financieros puede ver sentido en esa batalla de los bonos, pero, tras ella, hay dos actitudes morales, que son mucho más fáciles de entender.