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La batalla por la esperanza

PARÍS – Desde la llegada del Presidente Barack Obama a la Casa Blanca, ha habido un innegable reacercamiento entre Europa y los Estados Unidos, pero, ¿es posible que, en el más profundo y fundamental nivel de las emociones y los valores, la distancia entre las dos riberas del Atlántico haya aumentado?

Hoy hay mucha más esperanza colectiva y mucho más miedo individual en los Estados Unidos de resultas de la crisis económica mundial, pero lo opuesto es aplicable a Europa. Aquí vemos menos esperanza colectiva y menos miedo individual. La razón para ese contraste es sencilla: los EE.UU. tienen a Obama y Europa tiene el Estado del bienestar.

Así, pues, ¿qué se puede hacer para fomentar una “americanización” de Europa desde el punto de vista político y una “europeización” de los Estados Unidos desde el punto de vista social? Los americanos, consolados por un nuevo Presidente, que encarna una vuelta a la esperanza, que inspira y tranquiliza a un tiempo, están empezando a creer que lo peor de la crisis económica ya ha pasado.

Lo que a comienzos de esta primavera era tan sólo un “atisbo de esperanza”, por usar la expresión de Obama, ha pasado a ser una tendencia más seria y positiva. Los americanos, animados colectivamente por una combinación de optimismo natural y nacionalismo profundo, han hecho suyo el lema de la campaña del Presidente: “Sí, podemos”.