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Generación autista

SAN DIEGO - Hasta no hace mucho tiempo, el autismo era uno de los trastornos más raros, afectando a sólo uno de cada 2.000-5.000 niños. Esto cambió radicalmente con la publicación en 1994 del DSM IV (manual de diagnóstico psiquiátrico ampliamente utilizado en todo el mundo). Pronto, los índices llegaron a alrededor de 1 por cada 100. Y un estudio a gran escala en Corea del Sur informó recientemente de un salto a más de 1 por cada 38... un increíble 3% de la población general fue etiquetado como autista. ¿Qué está causando esta epidemia y hacia dónde vamos?

La reacción natural ante cualquier plaga es el pánico. Ahora los padres sienten temor de que cualquier retraso en el habla o la socialización sea presagio de autismo. Parejas sin hijos deciden no tener hijos. Los padres con niños autistas están desolados y desesperados por determinar su causa.

La teoría de la vacuna del físico británico Andrew Wakefield se volvió muy popular entre los padres, muchos de los cuales comenzaron negarse a vacunar a sus hijos (sometiéndolos así, y a otros niños, al riesgo de contraer enfermedades totalmente prevenibles y a veces graves). La vacunación parecía una causa plausible debido a la correlación fortuita entre las inyecciones y la aparición de los síntomas. El trabajo de Wakefield ha sido desacreditado como ciencia incorrecta y deshonesta. Pero el miedo al autismo es tan grande, y las reacciones tan irracionales, que en algunos círculos sigue siendo venerado como un falso profeta.

Tras del fuerte aumento en el diagnóstico debe de haber además otros factores. Antes de DSM IV, el autismo era una de los trastornos más estricta y claramente definidos. Los síntomas tenían que comenzar antes de los tres años de edad y comprendían una combinación clara e inconfundible de graves déficits de lenguaje, incapacidad de establecer relaciones sociales y una preocupación por un conjunto muy limitado de comportamientos estereotipados. En la preparación del DSM-IV, decidimos añadir una nueva categoría que describe una forma de autismo más leve (y por lo tanto mucho más difícil de definir y distinguir), llamada síndrome de Asperger. Esto pareció necesario porque algunos niños (en número todavía escaso) presentaban un desarrollo del lenguaje más o menos normal, pero con graves dificultades sociales y de comportamiento. Sabíamos que era probable que el síndrome de Asperger triplicara la tasa de trastornos del espectro autista a aproximadamente 1 por cada 500-1.000, pero esto no explica el nuevo índice de 1 en 38.