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La arrogancia del poder chino

NUEVA DELHI – El éxito genera confianza y el éxito rápido produce arrogancia. Eso, en pocas palabras, es el problema que tanto Asia como Occidente encaran en China, y que ha quedado demostrado una vez más en la cumbre del G-20 realizada en Canadá.

El creciente poder económico y militar está envalentonando al gobierno de China a seguir una política exterior más enérgica. Anteriormente había predicado el evangelio de su “ascenso pacífico”, pero ahora China está empezando a quitarse los guantes convencida de que ha adquirido la fuerza necesaria.

Ese enfoque se acentuó con la crisis financiera global que empezó en el otoño de 2008. China interpretó esa crisis como la simbolización de la decadencia del capitalismo angloamericano y el debilitamiento del poder económico de los Estados Unidos. Ello, a su vez, fortaleció su doble creencia –que su tipo de capitalismo dirigido por el Estado ofrece una alternativa creíble, y que su ascenso global es inevitable.

Los analistas chinos señalan con regocijo que después de haber aplicado durante tanto tiempo la política de “liberalizar, privatizar y dejar que los mercados decidan” los Estados Unidos y Gran Bretaña tomaron la iniciativa para rescatar a sus gigantes financieros a la primera señal de dificultades. En contraste, el capitalismo orientado por el Estado ha dado estabilidad económica y rápido crecimiento a China, lo que le permite aguantar la crisis global.