Paul Lachine

La recuperación de Estados Unidos

NEWPORT BEACH – Desde que la crisis financiera global de 2008 lo llevó al equivalente económico de la sala de emergencias, Estados Unidos ha pasado por un arduo período de intervención y rehabilitación. Primero lo transfirieron de la unidad de terapia intensiva a la sala de recuperación; después, no hace mucho, le dieron el alta. La pregunta ahora es si la economía estadounidense está lista, ya no solo para caminar, sino para correr a toda velocidad. De la respuesta depende en gran medida el futuro de la economía global.

Resulta fácil olvidar la gravedad de la situación allá por el cuarto trimestre de 2008 y el primero de 2009. Tras sufrir lo que los economistas llaman una “parada repentina”, muchos sectores de la economía estadounidense implosionaron o dejaron de funcionar. Siguiendo con nuestra metáfora médica, diríamos que hasta los órganos más vitales estaban comprometidos.

La actividad económica colapsó y el desempleo se disparó. El crédito dejó de fluir. Los bancos estaban al borde de la bancarrota y la nacionalización. El comercio internacional estaba trastornado. Empeoraron las desigualdades de ingresos y riqueza. Y una sensación general de temor e incertidumbre impedía a los pocos sectores sanos de la economía embarcarse en planes serios de contratación, inversión y expansión.

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