El espejo americano

¿Qué va a aportar el año próximo a la economía mundial? ¿Qué va a ser de la producción en el mundo en desarrollo y en el núcleo industrial rico? De hecho, ¿nos atrevemos aún a mantener esa distinción por más tiempo? Al fin y al cabo, la mayoría de los países ricos han entrado en una era postindustrial, mientras que los países en desarrollo tienen ahora -o tendrán pronto- una proporción tan grande de su población empleada en la "industria" como las naciones ricas del mundo.

En los Estados Unidos, los temores de hace nueve meses a que la economía sucumbiera a la deflación se han disipado. Lo que queda es la sensación de una inmensa oportunidad desperdiciada.

Desde que George W. Bush ocupó su cargo, el crecimiento anual real del PIB de los Estados Unidos ha sido, por término medio, de 2,3 por ciento, ritmo que se habría considerado normal y satisfactorio cuando el padre de George W. Bush o Ronald Reagan eran presidentes, pero que ahora, tras el auge de la época de Clinton, parece poca cosa y lento. De hecho, está claro que la economía americana podría haber crecido mucho más rápidamente.

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