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Los Estados Unidos que pueden decir no

NUEVA YORK –­ A principios de este mes, el presidente de Kirguistán, Kurmanbek Bakiyev, fue gorra en mano a Moscú para pedir ayuda financiera. Para que este pedido resultara más digerible, Bakiyev anunció que estaba solicitando que Estados Unidos cerrara su base aérea en Kirguistán, que reabastece de tropas de la OTAN al vecino Afganistán. De la misma manera, a fines del año pasado, el gobierno de Islandia le pidió ayuda a Rusia para rescatar su sistema bancario, mientras que el presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, visitó China con la esperanza de asegurar una infusión de efectivo de emergencia.

Algunos observadores mencionan estos episodios como evidencia de una merma en la influencia internacional de Estados Unidos. Pero existe un argumento más amplio: hasta ahora, con excepción de las sumas relativamente pequeñas ofrecidas a Kirguistán, Rusia y China no han brindado demasiada ayuda.

En medio de lo mucho que se habla de un ampquot;mundo post-norteamericanoampquot;, muchos observadores ven un viraje de un orden internacional dominado por Estados Unidos a un sistema multipolar, en el que países como China, Rusia y otros compiten por el liderazgo global en una serie de desafíos y riesgos comunes.

Hace más de cinco años, el presidente de China, Hu Jintao, proclamó que ampquot;la tendencia hacia un mundo multipolar es irreversible y dominanteampquot;. Cuando Vladimir Putin se quejó durante una conferencia en Munich el año pasado de que el unilateralismo estadounidense alimentaba conflictos en todo el mundo, un ofendido senador John McCain respondió que la confrontación era innecesaria en el ampquot;mundo multipolar de hoyampquot;.