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La agonía y el éxtasis de las drogas sintéticas

NUEVA YORK – El mundo se está acelerando. Las comunicaciones, los viajes y la productividad están aumentando. Para algunas personas, las drogas sintéticas se han convertido en una forma de enfrentarse a los tiempos apresurados y competitivos actuales.

En todo el planeta, la gente está tomando pastillas y polvos conocidos como estimulantes del tipo de las anfetaminas (ATS, por sus siglas en inglés) para mejorar su desempeño. Desde los asistentes a las fiestas en discotecas que duran toda la noche hasta los choferes que manejan largas distancias, pasando por los trabajadores de las líneas de ensamblado, más de 30 millones de personas utilizan anfetamina, metanfetamina o éxtasis al menos una vez al año –más del número agregado de quienes toman cocaína y heroína. Se calcula que el mercado global de estos estimulantes es de 65 mil millones de dólares.

Parte del atractivo de estas drogas sintéticas es que se consiguen fácilmente, no son muy costosas y no es difícil usarlas (no hay que inyectarlas, aspirarlas o fumarlas). Las anfetaminas aceleran la forma en que el cuerpo funciona: quienes las utilizan experimentan un aumento de la confianza, la sociabilidad y la energía. Se considera que esa sensación es inofensiva: “las pastillas no matan ni propagan el VIH/SIDA”, se dice.

Pero todo lo que sube tiene que bajar. Las personas que se hacen dependientes a esas drogas pueden sufrir paranoia, fallas renales y hemorragias internas, e incluso problemas severos de salud mental, daño cerebral o ataques cardiacos. Muchos usuarios a menudo padecen caries dentales y costras espantosas porque se rascan debido a una sensación de que tienen insectos bajo la piel.