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La era de la democracia autoritaria

MOSCÚ – Actualmente el mundo se ve sacudido por cambios tectónicos casi demasiado numerosos para contarlos: la crisis económica actual está acelerando la degradación de la gobernación internacional y las instituciones supranacionales y ambas cosas están ocurriendo junto con un traslado en gran escala del poder económico y político a Asia. Menos de un cuarto de siglo después de que Francis Fukuyama declarara “el fin de la Historia”, parece que hemos llegado al amanecer de una nueva era de conmoción social y geopolítica.

El mundo árabe se ha visto barrido espectacularmente por una primavera revolucionaria, aunque ésta está volviéndose rápidamente un gélido invierno. De hecho, la mayoría de los nuevos regímenes están combinando el antiguo autoritarismo con el islamismo, con el resultado consiguiente de un mayor estancamiento social, resentimiento e inestabilidad.

Sin embargo, más notables aún son las manifestaciones de la base social (y antisocial) que están extendiéndose rápidamente en las acomodadas sociedades occidentales. Esas protestas tienen dos causas importantes.

En primer lugar, la desigualdad social ha aumentado sin cesar en Occidente en el último cuarto de siglo, gracias en parte a la desaparición de la Unión Soviética y, con ella, la amenaza del comunismo expansionista. El espectro de la revolución había forzado a las minorías dominantes occidentales a utilizar el poder del Estado para redistribuir la riqueza e impulsar el crecimiento de las clases medias leales, pero, cuando el comunismo se desplomó en su núcleo euroasiático, los ricos de Occidente, convencidos de que ya no tenían nada más que temer, presionaron para reducir el Estado del bienestar, con lo que la desigualdad aumentó rápidamente. Resultó tolerable mientras la tarta completa siguió ampliándose, pero la crisis financiera mundial de 2008 puso fin a esa situación.