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El espejismo de la etapa final en Afganistán

ESTOCOLMO –  En una visita reciente a Afganistán y Pakistán no pude dejar de notar la creciente frecuencia de los llamados internacionales para emprender la etapa final en Afganistán. Sin embargo, pensar en llegar a una etapa final en ese país es una ilusión peligrosa: no terminarán ni las etapas ni la historia.  Lo único que puede llegar a un final es la atención y la participación del mundo en Afganistán, lo que podría tener consecuencias catastróficas.

Gran parte de la atención internacional se centra actualmente en el año 2014, fecha en que está previsto que las fuerzas internacionales dejen la responsabilidad de la seguridad en manos del gobierno afgano. Este proceso presenta desafíos pero no hay razón para pensar que no pueda concluir más o menos según lo planeado y de acuerdo con el calendario actual.

Yo creo que Afganistán se enfrenta a un desafío mucho más grave en 2014: la elección de un nuevo presidente. En un sistema en el que se concentra tanto poder – abierto y oculto, constitucional y tradicional – en el presidente, la elección podría convertirse en una dura batalla por el futuro del país.

Las elecciones de 2009 – en las que Hamid Karzai obtuvo un segundo mandato – fueron muy controvertidas, y ni el sistema político afgano ni la comunidad internacional estuvieron en su mejor momento. Junto con la batalla sobre el papel futuro de los talibanes en el país, la lucha por el poder en 2014 podría reavivar divisiones que vuelvan a llevar al país al borde de la guerra civil en medio de una situación en la que los tecnócratas liberales de Kabul quedarían aplastados entre una renovada Alianza del Norte y un “Pacto Pashtún” más amplio.