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La "nueva" insurgencia iraquí

Sun Tzu, el gran filósofo chino de la guerra escribió que "Si conoces al enemigo y te conoces a tí mismo, no debes temer el resultado de cien batallas". La ausencia de ese conocimiento trae problemas y a menudo lleva al desastre. Este es sin duda el caso del conflicto en Iraq, donde entender a los insurgentes es tanto crucial como difícil.

En cierta medida, la insurgencia iraquí refleja a sus predecesores históricos. El conflicto es un "teatro armado" en el que los antagonistas luchan y al mismo tiempo envían mensajes a un público más amplio, en particular al pueblo de Iraq. Al igual que con todas las insurgencias, el apoyo del público --o la falta de él-- determinará el resultado.

Además, es probable que sea una función larga. La historia indica que una vez que una insurgencia llega a la "masa crítica", se necesitan diez años o más para erradicarla. Y como en el caso de insurgencias anteriores, el conflicto de Iraq es uno en el que los insurgentes utilizan actos terribles para intimidar al público, exponer los defectos del gobierno y provocar al régimen a que reaccione con excesos que puedan poner al público en su contra.

Pero la insurgencia iraquí difiere de sus antecesores en aspectos fundamentales. Su contexto cultural es distinto del de las insurgencias del siglo XX, sobre todo el uso de una ideología radical derivada de la religión. En contraste, las insurgencias del siglo XX eran generalmente seculares, se basaban en clases económicas, diferencias sectarias u otras segmentaciones políticas profundas. La mezcla de pasión religiosa con radicalismo político hacen que la insurgencia iraquí sea particularmente peligrosa y difícil de sofocar.