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Aquel programa del decenio de 1970 en Rusia

MOSCÚ -- ¿Podrá escapar Rusia a la “maldición de los recursos” que entrañan unos elevados precios del petróleo o sucumbirá a la llamada hipótesis “70-80”? Ésa es la pregunta que afrontan los rusos en la actualidad y tememos que su destino sea el segundo: si los precios del petróleo siguen siendo de entre 70 y 80 dólares el barril, es probable que Rusia vuelva a vivir las características principales de la era Brezhnev de los decenios de 1970 y 1980... con una economía estancada y unos índice de aprobación de entre el 70 y el 80 por ciento para sus dirigentes políticos.

La maldición de los recursos significa, naturalmente, que las minorías dirigentes rusas preferirán aplazar la reestructuración de la economía y la modernización de las instituciones políticas y económicas del país, lo que socavará sus resultados económicos, y será muy improbable que Rusia reduzca en los 10-15 años próximos la distancia que la separa de las economías avanzadas.

El crecimiento económico rápido y sostenible requiere un Estado de derecho, burócratas sujetos a la rendición de cuentas, meritocráticos y no corruptos, protección de los derechos de propiedad, imposición del cumplimiento de los contratos y mercados competitivos. Semejantes instituciones son difíciles de crear en todas las sociedades. En Rusia, la tarea resulta particularmente problemática, porque los intereses de la minoría gobernante se oponen a su ejecución.

En la Rusia posterior a la crisis, dos factores contribuyen a la maldición de los recursos. En primer lugar, una renacionalización en gran escala desde 2004 ha dejado el control de las alturas de mando de la economía en manos de las empresas de propiedad estatal. Dichas empresas no tienen interés en desarrollar instituciones modernas que protejan la propiedad privada y fomenten el Estado de derecho. En segundo lugar, el alto grado de desigualdad económica contribuye a que la mayoría prefiera la redistribución en lugar del espíritu de empresa privado.