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Enseñanzas tailandesas para China

BEIJING – Sean cuales fueren los efectos de la agitación política en Tailandia, no están contribuyendo a la causa de la democracia en China. Las imágenes de quienes protestaban en pro de la democracia y la posterior represión durísima en el centro de Bangkok han aparecido con toda su crudeza en los medios chinos de comunicación sin parcialidad aparente. De hecho, no es necesario adornar el mensaje político que representan para China.

Si un país religioso, relativamente próspero y conocido como la “tierra de las sonrisas” puede degenerar tan rápidamente en una sangrienta guerra de clases, ¿qué ocurriría si el Partido Comunista chino perdiera su monopolio del poder? No es difícil imaginar una rebelión de los “camisas rojas” de estilo chino, con dirigentes populistas que explotan el resentimiento y jóvenes exaltados que prendieran fuego a símbolos del poder y del privilegio en Beijing. Si la democracia con libertad de partidos políticos propicia la aparición de bloques electorales violentos e intransigentes, la mayoría de las personas reflexivas preferirán el gobierno de un solo partido que garantice la estabilidad social.

Aun así, sería un error que el Gobierno chino tratara los sucesos de Tailandia como una excusa para aplazar la reforma política. La distancia entre ricos y pobres es la misma, más o menos, en los dos países y hay decenas de miles de “disturbios ilegales” con carácter de clase en China todos los años.

El Gobierno chino está promoviendo la asistencia social en las zonas rurales, pero también debe dar expresión institucional a las reivindicaciones sociales, lo que requiere una mayor representación de los campesinos y los obreros en el Congreso Nacional del Pueblo y los órganos legislativos subnacionales, más libertad para los periodistas con espíritu cívico para investigar casos de injusticia social y más libertad a las organizaciones cívicas para actuar en pro del medio ambiente y de quienes no se benefician de la reforma económica.