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La política exterior de Obama, a prueba

CAMBRIDGE – Ya cerca del término de su primer año como presidente, Barack Obama ha dado un valiente paso al decidir aumentar la cantidad de tropas estadounidenses en Afganistán hasta llegar a más de 100.000. Los críticos a la izquierda señalan que la Guerra de Corea ahogó la presidencia de Harry Truman, del mismo modo como la Guerra de Vietnam definió la Presidencia de Lyndon Johnson. Así, Obama se arriesga a ser el tercer presidente demócrata cuya agenda interna se vea sobrepasada por una guerra complicada.

Sin embargo, los críticos a la derecha se han quejado de que el enfoque de política exterior de Obama ha sido débil, demasiado en tono de disculpa y excesivamente dependiente del poder blando. Les preocupa la promesa de Obama de comenzar a retirar las tropas de Afganistán 18 meses después de este aumento.

Obama heredó una agenda de política exterior llena de baches: una crisis económica global, dos guerras difíciles, la erosión del régimen de no proliferación nuclear por parte de Corea del Norte e Irán, y el deterioro del proceso de paz del Medio Oriente. El dilema de Obama fue cómo manejar este complicado legado y, al mismo tiempo, crear una nueva visión de cómo los estadounidenses deberían relacionarse con el mundo.

A través de una serie de gestos simbólicos y discursos (en Praga, El Cairo, Accra, las Naciones Unidas y otros lugares), Obama ayudó a restablecer el poder blando de EE.UU. Como señalara hace poco el informe Pew: ampquot;...en muchos países la opinión sobre los Estados Unidos es hoy tan positiva como lo era al comienzo de la década en que George W. Bush estuvo en el poder.ampquot;