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Terrorismo y contraterrorismo reconsiderados

Los arrestos en Londres de 21 terroristas que, aparentemente, habían planeado hacer estallar varios aviones sobre el Atlántico nos recuerdan, como si fuera necesario, los ataques terroristas en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001. El 11 de septiembre sigue siendo la fecha que simboliza el terrorismo moderno en toda su terrible capacidad de causar muerte y destrucción. Cinco años pueden ser un período demasiado breve para que los historiadores juzguen el significado pleno del hecho, pero sí ofrecen una oportunidad para evaluar la situación.

En el mejor de los casos, el historial es variado. Después de esa fecha, hubo ataques terroristas en Indonesia, Madrid, Londres, Egipto y, más recientemente, Bombay. Miles de hombres, mujeres y niños inocentes fueron asesinados. También está el repiqueteo constante de la violencia terrorista en Irak –violencia que amenaza con llevar al país a una guerra civil de gran envergadura.

Sin embargo, los terroristas todavía no hicieron nada comparable con la magnitud del 11 de septiembre. Vale la pena analizar el motivo. Puede reflejar el derrocamiento del gobierno de Afganistán y la eliminación del refugio seguro de Al Qaeda en ese país. Una inteligencia mejor y más coordinada, la aplicación de la ley y los esfuerzos de seguridad interior tanto a nivel nacional como internacional hicieron que a los terroristas les resultara más difícil tener éxito. Y, como sugieren los recientes arrestos en Londres, también es posible que el deseo de algunos terroristas de concretar algo más dramático que los atentados del 11 de septiembre pueda haber complicado su capacidad para llevar a cabo sus planes y aumentado la perspectiva de que sean detectados.

Nada de esto debería generar optimismo. La globalización hace que a los terroristas les resulte más fácil adquirir las herramientas para su trabajo y desplazarse. Las probabilidades también favorecen a los terroristas, ya que un éxito puede compensar múltiples fracasos. La tecnología moderna, que posiblemente incluya armas de destrucción masiva, aumenta la posibilidad de que cualquier éxito terrorista cause daño de gran magnitud. Por otra parte, Irak está produciendo una nueva generación de terroristas experimentados como lo hizo Afganistán hace veinte años.