An Indian worker conducts checks in the assembly area of the power electronics factory Manjunath Kiran/Getty Images

Para que el futuro nos funcione

CAMBRIDGE – ¿Qué nos depara el futuro del trabajo, y cómo deberíamos prepararnos para enfrentarlo? Hasta ahora el debate se ha enfocado en los países desarrollados, pero es una cuestión que va a repercutir en todo el mundo.

Para los pesimistas, la introducción de nuevas tecnologías para propósitos generales –como la impresión 3D (en tres dimensiones), la inteligencia artificial, y el internet de las cosas– amenaza la demanda de mano de obra; sin nuevas formas de solidaridad social, como un ingreso básico universal, el futuro será de una indigencia generalizada. Para los optimistas, los últimos avances tecnológicos, como otros que han hecho progresar a la humanidad, prometen generar niveles de prosperidad sin precedentes.

Probablemente en este momento sea imposible decir cuál de los dos bandos tiene razón. Según lo expresó el físico Niels Bohr: "Es muy difícil predecir, sobre todo el futuro". Para un sistema complejo, como lo es la economía mundial, ya es suficientemente difícil comprender el pasado, por ejemplo, el masivo declive del empleo en el sector manufacturero durante los últimos veinte años en casi todos los países. Lo que es más fácil establecer son los vínculos causales que pueden determinar el resultado.

El desplazamiento masivo de mano de obra no es un acontecimiento novedoso. Los luditas de principios del siglo XIX se sublevaron en contra de los telares mecánicos que estaban reemplazando la producción textil artesanal. Casi 60 años después, en 1860, el empleo en el sector agrícola estadounidense llegó a su máximo al alcanzar el 53% del empleo total. Hoy día, representa menos del 3%.

De hecho, desde apenas 1980, en la mayoría de los países se ha producido una importante disminución del empleo en la agricultura. En algunos de ellos, como Portugal, Malasia, Turquía e Indonesia, el porcentaje cayó más del 20%, mientras que en otros, como Grecia, Italia, Bulgaria, Hungría, Estonia, Polonia, Las Filipinas y Sri Lanka, el descenso fue de más del 10%.

Y no se trata solo del sector agrícola. De acuerdo a los Indicadores del Desarrollo Mundial, desde 1990, el porcentaje del PIB correspondiente a la industria manufacturera ha disminuido en 100 de los 124 países que reportan sus datos.

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Entonces, si giros importantes en la composición del empleo han sido la norma, ¿qué hace que los cambios que hoy en día impulsa la tecnología resulten tan alarmantes?

Fundamentalmente, la tecnología es una manera de transformar "el mundo tal como lo encontré" al "mundo tal como quiero que sea", de pastos a leche, de soja a filetitos de pollo, de silicio a teléfonos inteligentes. Y depende de tres formas de conocimiento: el incorporado a las herramientas; el codificado en recetas, manuales y protocolos; y el conocimiento tácito o knowhow que está en los cerebros.

Casi siempre, estas tres formas de conocimiento se complementan entre sí: como el café y el azúcar, mientras más se consume de uno, más se desea de los otros. Sin embargo, el progreso tecnológico ocasionalmente sustituye a uno por otro, como sucede con el té y el café. Hubo un momento en que las personas metían las manos en la tierra para plantar la próxima cosecha. Hoy día, las cosechadoras realizan esta tarea de modo mucho más rápido y sin esfuerzo. No hace mucho tiempo, los empleados de las líneas aéreas escribían a mano las tarjetas de embarque. Hoy ellas se envían automáticamente a nuestros teléfonos inteligentes. Lo que nos hace sentir temor son estas sustituciones: el conocimiento integrado a la máquina en lugar del knowhow del trabajo tradicional hecho a mano.

Si bien cada tecnología nueva reemplaza una forma de knowhow, crea otras. La primera revolución industrial redujo a tal punto el costo de los textiles que condujo a un auge en la demanda, la producción y el empleo en el sector textil. Del mismo modo, según lo señala David Autor del MIT, los cajeros automáticos reemplazaron a los cajeros humanos, pero disminuyeron tanto el costo de las sucursales bancarias que su número aumentó, lo que impulsó un aumento de los empleados que en vez de hacer caja se dedican a la gestión de las relaciones con los clientes (para lo cual los cajeros automáticos no son precisamente ideales). Hoy día, los sitios web han reemplazado a los materiales impresos, con lo que se ha creado una industria de diseñadores de páginas web.

Aunque se sabe cuáles son los empleos que las nuevas tecnologías reemplazarán, es más difícil prever la forma en que se explotarán las nuevas posibilidades. En 2001, muchos pensaban que se había sobreconstruido la infraestructura de fibra óptica de la internet dada la poca demanda del ancho de banda. Pero luego aparecieron iTunes, YouTube, Facebook, Twitter, Skype, y Netflix. De modo semejante, hoy día estamos tratando de predecir la índole del trabajo futuro antes de que se hayan inventado los empleos del futuro.

El aspecto más incierto de las nuevas tecnologías es su capacidad de difusión. Si no se difunden a nivel mundial, van a profundizar una nueva brecha económica entre países y regiones ricas y pobres. Los servicios de telefonía fija y de suministro eléctrico se han difundido mucho menos que las armas de fuego y los teléfonos celulares.

Uno de los determinantes de la capacidad de difusión de una tecnología es la intensidad en el uso de knowhow. Es fácil enviar herramientas y códigos; pero el traslado del knowhow necesario para implementar la tecnología es algo completamente diferente. No se requiere mayor capacitación para usar un arma de fuego, mientras que un servicio de suministro de energía eléctrica requiere un numeroso equipo de personas con capacidades muy diversas para poder operar los generadores, instalar y mantener los cables de transmisión y las subestaciones, limitar los hurtos de electricidad, y obligar a los clientes a pagar sus cuentas a tiempo. Las tecnologías que requieren un knowhow más diverso, lo que se refleja en el tamaño y la heterogeneidad del equipo necesario para su implementación, se difunden de manera mucho más lenta o no se difunden del todo.

La difusión de una nueva tecnología también se ve afectada por su dependencia en la difusión previa de otras tecnologías. Uber depende de la difusión previa de teléfonos celulares, automóviles, y tarjetas de crédito. Si la implementación de una tecnología requiere menos knowhow y un número menor de otras tecnologías, es probable que se difunda de manera aún más rápida que las tecnologías que reemplaza.

Esto es lo que se llama saltos tecnológicos (leapfrogging). Como sucedió con el CAD-CAM, es decir, diseño y manufactura con asistencia de computadoras, es más fácil operar una impresora 3D que dominar todos los pasos necesarios para hacer esa misma pieza con métodos tradicionales.

Es posible que la inteligencia artificial haga que la tecnología dependa menos del knowhow y, por lo tanto, que sea más fácil de difundir. En contraste, es probable que el internet de las cosas exija la difusión previa de muchas otras tecnologías. Al fin y al cabo, la penetración de la energía eléctrica en 66 países es menos del 60%; y menos del 30% en 26 países.

Por último, la difusión depende de la capacidad económica que tengan los países para adquirir la nueva tecnología. Y ello, a su vez, depende de si esta facilita o complica su capacidad de encontrar bienes y servicios que puedan exportar. La globalización de las cadenas de valor ha hecho que para un mayor número de países y regiones sea más fácil participar en el comercio internacional porque cada país necesita reunir equipos menos complejos para cumplir con su rol en la cadena. Sin embargo, esto no ha sido bueno para lugares como Detroit, donde solían concentrarse industrias plenamente integradas.

En última instancia, la predicción del futuro no es lo relevante. Es más probable que el futuro de gran parte de los países sea prometedor si se enfocan en cerciorarse de que pueden dominar cada una de las nuevas tecnologías y explotar cada una de las nuevas oportunidades que se les presenten.

Traducción del inglés por Ana María Velasco

http://prosyn.org/YnuTubi/es;
  1. Television sets showing a news report on Xi Jinping's speech Anthony Wallace/Getty Images

    Empowering China’s New Miracle Workers

    China’s success in the next five years will depend largely on how well the government manages the tensions underlying its complex agenda. In particular, China’s leaders will need to balance a muscular Communist Party, setting standards and protecting the public interest, with an empowered market, driving the economy into the future.

  2. United States Supreme Court Hisham Ibrahim/Getty Images

    The Sovereignty that Really Matters

    The preference of some countries to isolate themselves within their borders is anachronistic and self-defeating, but it would be a serious mistake for others, fearing contagion, to respond by imposing strict isolation. Even in states that have succumbed to reductionist discourses, much of the population has not.

  3.  The price of Euro and US dollars Daniel Leal Olivas/Getty Images

    Resurrecting Creditor Adjustment

    When the Bretton Woods Agreement was hashed out in 1944, it was agreed that countries with current-account deficits should be able to limit temporarily purchases of goods from countries running surpluses. In the ensuing 73 years, the so-called "scarce-currency clause" has been largely forgotten; but it may be time to bring it back.

  4. Leaders of the Russian Revolution in Red Square Keystone France/Getty Images

    Trump’s Republican Collaborators

    Republican leaders have a choice: they can either continue to collaborate with President Donald Trump, thereby courting disaster, or they can renounce him, finally putting their country’s democracy ahead of loyalty to their party tribe. They are hardly the first politicians to face such a decision.

  5. Angela Merkel, Theresa May and Emmanuel Macron John Thys/Getty Images

    How Money Could Unblock the Brexit Talks

    With talks on the UK's withdrawal from the EU stalled, negotiators should shift to the temporary “transition” Prime Minister Theresa May officially requested last month. Above all, the negotiators should focus immediately on the British budget contributions that will be required to make an orderly transition possible.

  6. Ksenia Sobchak Mladlen Antonov/Getty Images

    Is Vladimir Putin Losing His Grip?

    In recent decades, as President Vladimir Putin has entrenched his authority, Russia has seemed to be moving backward socially and economically. But while the Kremlin knows that it must reverse this trajectory, genuine reform would be incompatible with the kleptocratic character of Putin’s regime.

  7. Right-wing parties hold conference Thomas Lohnes/Getty Images

    Rage Against the Elites

    • With the advantage of hindsight, four recent books bring to bear diverse perspectives on the West’s current populist moment. 
    • Taken together, they help us to understand what that moment is and how it arrived, while reminding us that history is contingent, not inevitable


    Global Bookmark

    Distinguished thinkers review the world’s most important new books on politics, economics, and international affairs.

  8. Treasury Secretary Steven Mnuchin Bill Clark/Getty Images

    Don’t Bank on Bankruptcy for Banks

    As a part of their efforts to roll back the 2010 Dodd-Frank Act, congressional Republicans have approved a measure that would have courts, rather than regulators, oversee megabank bankruptcies. It is now up to the Trump administration to decide if it wants to set the stage for a repeat of the Lehman Brothers collapse in 2008.