An Execution, Place de la Revolution Christophel Fine Art/UIG via Getty Images

Historia de dos realidades

MADRID – “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.” Con estas memorables líneas da comienzo una de las novelas más famosas de la literatura universal: Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.

El clásico de Dickens está ambientado en las ciudades de Londres y París durante la época de la Revolución francesa. Dickens aborrecía la injusticia social que se derivaba del Ancien Régime absolutista, pero al mismo tiempo condenó los excesos de los revolucionarios franceses. Casi dos siglos más tarde, el antiguo primer ministro chino Zhou Enlai fue preguntado por su opinión acerca de la Revolución francesa, a lo que contestó que era “demasiado pronto para valorarla”. Poco importa que esta legendaria respuesta fuese tal vez fruto de un malentendido: voluntaria o involuntariamente, Zhou hizo un exquisito homenaje a la ambivalencia con la que Dickens retrató a la Francia revolucionaria.

Como es bien sabido, muchos de los ideales asociados a la Ilustración inspiraron a los partidarios del derrocamiento de Luis XVI; unos ideales que, previamente, ya habían impulsado la Revolución americana. En paralelo, se estaba produciendo otra revolución de enorme trascendencia histórica, también íntimamente ligada a los valores ilustrados: la Revolución Industrial. La proliferación de regímenes políticos más liberales se combinó con la oleada de avances científicos y tecnológicos para inaugurar el período más próspero de la historia de la humanidad, del que somos beneficiarios.

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