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Recuperar la promesa de tecnocracia

SINGAPUR – El estado de ánimo prevaleciente hoy en día es de pesimismo. Después de un año en el que Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos y el Reino Unido votó para abandonar la Unión Europea, muchos anticipan más victorias populistas -y políticas dañinas- en 2017. Si a esto le sumamos un crecimiento económico global lento y crecientes tensiones geopolíticas, es fácil llegar a la conclusión de que el mundo está transitando por el mismo sendero de nacionalismo y proteccionismo que desató la Primera Guerra Mundial.  

Pero esto es no entender la cuestión. El ascenso del populismo es simplemente un síntoma de la incapacidad de los líderes políticos para ocuparse de los reclamos económicos de los votantes. En lugar de preocuparse por la degeneración de la democracia en manos de líderes políticos que no pueden cumplir con las promesas que les hicieron a votantes frustrados, debemos definir una mejor forma de gobierno que pueda abordar esos reclamos. Propongo una tecnocracia directa.

Como explico en mi nuevo libro Technocracy in America (Tecnocracia en Estados Unidos), una tecnocracia directa garantizaría que una consulta pública regular dé forma a la toma de decisiones por parte de comisiones de expertos responsables. Esta estrategia combina las virtudes de la democracia directa con los beneficios de la tecnocracia meritocrática, que se basa en datos para tomar decisiones funcionales de largo plazo. En otras palabras, una tecnocracia directa emparenta buenas ideas con ejecución eficiente.

Este sistema no es enteramente hipotético. Tanto Suiza, híper-democrática, como Singapur, un país ultra-tecnocrático, aplican sus principios de manera efectiva. Y sus resultados son impresionantes: ambos países hacen alarde de buena salud, una riqueza amplia, un índice bajo de corrupción, una tasa alta de empleo, servicios militares y civiles nacionales y una enorme inversión estatal en innovación. Responden de manera eficiente a las necesidades y preferencias de los ciudadanos, aplican la experiencia internacional a la política doméstica y utilizan datos y escenarios alternativos para la planificación a largo plazo.