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El imperativo de la alfabetización tecnológica

DAVOS – En muchas partes del mundo, los niños crecen rodeados de tecnología. Tienen al alcance de la mano –literalmente-  una cantidad ilimitada de entretenimiento, juego, aprendizaje y conexión a través de las redes sociales. Su mundo siempre ha estado conectado. Aprenden a desplazar el cursor antes que a caminar. Y, aun así, por más confiados que se sientan con el uso de la tecnología, hay demasiados niños que no tienen ni idea de cómo funciona. Tampoco perciben plenamente de qué manera la tecnología apuntala sus vidas –o en qué medida forjará su futuro.

Pienso en esto como la paradoja de la alfabetización tecnológica. Los niños de hoy pueden ser grandes consumidores de tecnología, pero rara vez son verdaderos alfabetos tecnológicos. Pueden parecer nativos digitales capacitados, pero su conocimiento no traspasa el nivel de la pantalla. Son usuarios pasivos, no creadores activos. Y la mayoría de ellos carece de un verdadero interés por descubrir cómo funciona realmente la tecnología de la que dependen. 

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Esto tiene implicancias importantes. Las economías están sufriendo cambios radicales en términos de cómo producen, distribuyen y consumen bienes y servicios. Cada aspecto de la vida y el trabajo está cambiando. Una mayor alfabetización tecnológica será esencial para asegurar que las implicancias humanas de la Cuarta Revolución Industrial en curso sean positivas.

Si los jóvenes han de participar plenamente en nuestro mundo cada vez más basado en la tecnología, muchos más tendrán que ser alfabetos tecnológicos. Si van a convertirse en ciudadanos empoderados, no sólo consumidores cautivos, necesitarán entender de qué manera la tecnología afecta sus vidas y sus perspectivas.

En el futuro, no sólo habrá más empleos tecnológicos; progresivamente, cada vez más trabajos tendrán una dimensión tecnológica, especialmente en la medida en que los progresos científicos desempeñen un papel importante en la solución de algunos de los mayores desafíos de la sociedad –el cambio climático, la atención médica, la pobreza y la desigualdad.

Es por ese motivo que BT ha asumido el compromiso a largo plazo de utilizar nuestras capacidades y habilidades para ayudar a construir una cultura de alfabetización tecnológica. Queremos que los jóvenes sepan que serán los creadores y forjadores de nuestro futuro –en todo sentido-. Queremos que se entusiasmen con mirar más allá de la pantalla, con hacer cosas.

Eso significa aprender a codificar, por supuesto. Pero también significa manejar con fluidez el pensamiento informático y la resolución de problemas. Y, quizá más importante, implica convertirse en un ciudadano tecnológico comprometido. Por ejemplo, todos los jóvenes deberían entender quién tiene acceso a sus datos personales, cómo se los está utilizando y por qué eso es importante. Lograrlo no será fácil. No significará simplemente asegurarse de que los niños tengan acceso a iPads.

Cualquier iniciativa para impulsar la alfabetización tecnológica debe centrarse en tres áreas. Primero, los niños deben estar inspirados para aprender sobre la tecnología que usan a diario; deben “conectarse” con conceptos tecnológicos y hallarlos apasionantes. En BT, estamos colaborando con emprendedores tecnológicos y pensadores educativos para desarrollar maneras nuevas y creativas de atraer la curiosidad innata de los jóvenes.

Segundo, debemos respaldar a los maestros, ya que muchos de ellos no se sienten confiados a la hora de enseñar alfabetización tecnológica. Podemos ayudarlos con eso. Ya nos hemos comprometido con miles de maestros en el Reino Unido; en el pasado año escolar, llegamos a casi 350.000 niños de escuela primaria y apuntamos a llegar a cinco millones en 2020. También hemos colaborado con los innovadores educativos en el MIT para llevar nuevas herramientas de programación a las aulas.

Tercero, las escuelas deben estar equipadas como corresponde. Asegurarse de que los alumnos tengan acceso a la última tecnología es un desafío hasta para los países avanzados. En el Reino Unido, estamos trabajando para asegurar que nuestra banda ancha de alta velocidad llegue a las escuelas más inaccesibles. Y usamos nuestra experiencia para ayudar a los docentes que están ansiosos por hacer de la tecnología una parte integral de la vida diaria de las escuelas.

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Un programa de alfabetización tecnológica exitoso requiere de un compromiso sostenido de largo plazo con los tres pilares de esta estrategia. Calculamos que hará falta una generación escolar para que se concrete el cambio cultural que creemos necesario.

Las revoluciones industriales previas destrabaron el progreso social sólo cuando estuvieron acompañadas de cambios en la educación –en particular, los esfuerzos concertados para impulsar la alfabetización y la educación matemática-. Si queremos que todos se beneficien con las convulsiones radicales que están transformando las economías del mundo, se necesitarán más cambios en el terreno de la educación. Entre los cambios más importantes estarán aquellos que construyan una cultura sólida de alfabetización tecnológica.