Tuberculosis y VIH: combinación infernal

Fátima vive en el occidente de Tanzania cerca del Lago Tangañica y desde hace más de un mes tiene una tos seca. Tiembla al pensar que eso pueda significar que tiene tuberculosis. Fátima sabe que lo puede averiguar y, de ser necesario, recibir tratamiento en la clínica de salud más cercana, a una hora en autobús. Considera pedirle a su esposo el dinero para el viaje (alrededor de 60 euros) pero decide no hacerlo. Además, si su prueba de tuberculosis resulta positiva, su esposo y todos sus vecinos supondrán que también tiene SIDA.

Hemos entrevistado a muchas personas que tienen tuberculosis en Tanzania y Nigeria, y los temores y preocupaciones de Fátima no son inusuales. En el África Subsahariana frecuentemente se estigmatiza a quienes tienen tuberculosis. La falta de información correcta sobre la enfermedad está muy extendida.

Esas realidades impiden que las personas que creen que tienen tuberculosis busquen tratamiento. En muchas regiones –sobre todo en las áreas rurales—la gente sigue creyendo que los pacientes con tuberculosis han sido embrujados, envenenados o, como dice un médico nigeriano, “malditos por los dioses”.

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