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Un impuesto a la ocupación israelí

EL CAIRO – Los intelectuales y formuladores de políticas del mundo árabe han acusado a menudo a Europa de usar la generosidad financiera para encubrir su impotencia política sobre el conflicto árabe-israelí. Argumentan que, si es que se ha de tomar a Europa como un actor global serio, también debe mostrar su poder cuando entrega dinero.

A ojos de los árabes, las autoridades europeas confiesan implícitamente su culpa al señalar como causas de esta actitud el complejo panorama político multilateral de Europa y la naturaleza burocrática de la Unión Europea. Los interlocutores árabes no se dejan impresionar: quieren que Europa deje de hablar como Gran Potencia y comience a actuar como una.

Sin embargo, es precisamente el deseo de la UE de ser percibida cada vez más como una nación estado lo que ha empujado su posición en el conflicto árabe-israelí en la dirección equivocada. La incapacidad política de Europa para desempeñar un papel político en el proceso de paz de Oriente Próximo se ha interpretado equivocadamente como un sesgo a favor de Israel. Los asesores políticos argumentaron que lograr la confianza de Israel era necesario para que Europa pudiera tener un papel en el proceso de paz. Casi nada era demasiado valioso para estos fines: transferencias de tecnología, mejora de las relaciones, acuerdos de colaboración, e incluso -según se dice- la perspectiva de formar parte de la UE.

Así, la política europea giró al mismo tiempo en torno a seducir a Israel y sobornar a la Autoridad Palestina. Financiar la ocupación de Gaza y Cisjordania por parte de Israel sirvió para ambos objetivos al mismo tiempo, a un coste de varios miles de millones de euros para los contribuyentes europeos. Aún así, esta política no le reportó a Europa ni reconocimiento ni relevancia. Los palestinos siguen trivializando la contribución europea y los israelíes siguen detestándola por “financiar el terrorismo palestino".