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Domando a Corea del Norte

La violencia en el Oriente Próximo no debe distraer la atención del mundo sobre la amenaza que representan las ambiciones nucleares de Corea del Norte, demostradas en su reciente prueba de un misil de largo alcance. Sin embargo, pareciera que eso es lo que está sucediendo.

A mediados de julio, la cumbre del Grupo de los Ocho en San Petersburgo culminó con un llamado a Corea del Norte a que pusiera fin a sus pruebas de misiles y abandonara su programa de armas nucleares. Poco antes, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución que condenaba el lanzamiento de misiles de Corea del Norte el 5 de julio, exigía que volviera a la mesa de negociaciones y pedía a los miembros de la ONU que impidieran la importación y exportación de materiales o fondos relacionados con los programa de armas no convencionales o misiles de este país. El Presidente de China, Hu Jintao, hizo un llamado a que se avanzara en las conversaciones, que estaban en un momento de estancamiento, de modo que “se pudiera desnuclearizar toda la península de Corea.” Este parecía un gran paso diplomático, pero el avance fue más aparente que real.

Durante su primer periodo, la administración Bush esperaba poder solucionar el problema nuclear de Corea del Norte a través de un cambio de régimen. La idea era que el aislamiento y las sanciones derribaran la dictadura de Kim Jong Il. Sin embargo, el régimen demostró ser resistente y la administración Bush acordó participar en conversaciones en una mesa de seis países con China, Rusia, Japón y las dos Coreas.

En septiembre de 2005, pareció brevemente que las conversaciones habían producido un acuerdo básico de que Corea del Nortea abandonaría su programa nuclear a cambio de garantías a su seguridad y la eliminación de las sanciones. Sin embargo, pronto colapsó este vago acuerdo, y Corea del Norte se negó a volver a la mesa de conversaciones hasta que EE.UU. dejara de cerrar cuentas bancarias sospechosas de falsear y lavar dinero para el régimen de Kim.