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Adoptar la perspectiva a largo plazo

NUEVA YORK – El año próximo estará cargado de tensión, con una serie de disyuntivas difíciles entre los imperativos del presente y los del futuro. La forma como resolvamos dicha tensión dará idea de nuestra visión y nuestra capacidad de dirección.

Como comunidad de naciones, el año próximo vamos a afrontar tres pruebas inmediatas. La primera acaba de empezar. No es la crisis financiera, por importante que ésta sea. En este caso me refiero al cambio climático, la única amenaza en verdad existencial.

Sólo nos quedan doce cortos meses hasta que se celebre una cumbre decisiva en Copenhague, en la que los dirigentes mundiales se reunirán el próximo diciembre para alcanzar un acuerdo con vistas a contener el calentamiento planetario. Necesitamos un acuerdo que amplíe, profundice y fortalezca los Protocolos de Kyoto. Necesitamos un nuevo tratado para el siglo XXI que sea equilibrado, no excluyente y amplio, un tratado que todas las naciones puedan aceptar.

A primeros del pasado diciembre, dimos un importante paso en Poznan (Polonia), donde los ministros y expertos del clima se reunieron para formular con ahínco un plan para el futuro. Las negociaciones fueron difíciles y seguramente llegarán a serlo aún más. Algunos sostuvieron que con las dificultades actuales no podemos permitirnos el lujo de abordar el cambio climático. Lo que yo digo es que no podemos permitirnos el lujo de no hacerlo. Está en juego el futuro del planeta.