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Tomarse la fe en serio

LONDRES – La expresión “primavera árabe” ya está muy discutida. ¿Presagian las revoluciones en todo el mundo árabe los gloriosos días del verano o el paso por un invierno desolado? Una cosa es segura: la influencia de la religión y la fe en la determinación del resultado.

Pensemos en la escala de lo que está sucediendo. En todo el Oriente Medio y el África del Norte, los partidos islamistas están experimentando un ascenso. También las divisiones entre suníes y chiíes están en primer plano. El terrorismo, basado en una perversión de la religión, está desfigurando la política no sólo en lugares ya familiares, sino también en Nigeria, Rusia, Kazajstán, las Filipinas y otros lugares. Más de la mitad de los conflictos actuales en el mundo tienen una dimensión predominantemente religiosa.

La mayoría de los credos religiosos actuales, aunque no todos, cuentan con grupos extremistas, todos ellos capaces de crear discordia entre unas comunidades antes estables. Cierto es que gran parte de dicho extremismo se basa en una perversión del islam, pero esa clase de perversiones de un credo también van dirigidas con frecuencia contra musulmanes. En algunas partes de Europa, la islamofobia rivaliza ahora con el antisemitismo y ejerce una potente y peligrosa atracción política.

En una palabra, la religión importa. Hace tres años y medio, cuando inicié una fundación dedicada a mejorar las relaciones entre credos, algunos la consideraron quijótica o, sencillamente, descabellada: ¿por qué había de desear hacer eso un ex Primer Ministro?