7

Suecia en crisis

ESTOCOLMO – Después de decenios de observancia de normas más o menos estables y tónicas predecibles, en las últimas semanas la política sueca ha entrado en un territorio inexplorado. Muchos están sorprendidos de que el Gobierno se desplomara y tuviera que convocar nuevas elecciones tan sólo dos meses después de haber entrado en funciones. Al fin y al cabo, Suecia había sido un hito poco común de éxito inspirador en Europa desde la crisis financiera mundial de 2008. Entonces, ¿qué ha ocurrido?

La causa inmediata de la caída del Gobierno fue el voto del Parlamento en contra de la propuesta de presupuesto de la coalición de centro izquierda y a favor del presentado por los partidos de la Alianza de centro derecha, que habían formado el gobierno anterior. Al no haber logrado la aprobación de su primer presupuesto –por la repentina decisión de los Demócratas Suecos (DS) de extrema derecha de apoyar la opción substitutiva de la Alianza–, el Gobierno no podía, sencillamente, continuar como si nada hubiera ocurrido.

El telón de fondo de ese episodio fueron las elecciones del pasado mes de septiembre, que la Alianza de cuatro partidos perdió tras ocho años en el poder (durante los cuales yo fui el ministro de Asuntos Exteriores). Se consideraba que el gobierno de la Alianza había tenido éxito, pero ocho años son muchos en política.

Muy bien, pero, aunque la Alianza perdió sin lugar a dudas, el Partido Socialdemócrata Sueco, el principal de la oposición, y sus aliados de izquierdas no vencieron. En realidad, los tres partidos de izquierdas en el Parlamento obtuvieron un porcentaje del voto popular ligeramente inferior que en las elecciones de 2010. El gran vencedor fue el populista DS, cuyo porcentaje de votos se duplicó, hasta más del 13 por ciento, y, como  ningún otro partido estaba dispuesto a cooperar con los DS, la única opción viable era un gobierno en minoría.