Businessman in tie

¿Cuándo vale la pena combatir la corrupción?

COPENHAGUE – El año pasado se perdió 1 billón de dólares a manos de la corrupción. Es dinero que no fue destinado a expandir la atención médica, ampliar el acceso a la educación, mejorar la nutrición o depurar el medio ambiente. Según Transparency International, el 68% de los países del mundo tiene un problema serio de corrupción y ningún país es completamente inmune.

La corrupción es una faceta de la mala gobernancia; de hecho, tiene relación con una administración pública ineficiente, una contraloría débil, una baja transparencia y una implementación inconsistente del régimen de derecho. De modo que no sorprende que los flamantes Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas, que entran en vigencia este año, apunten a combatirla. No obstante, los ODS representan una divergencia respecto del marco de desarrollo previo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que no contenían ningún objetivo explícito vinculado a la corrupción.

Un desenlace exitoso tendría innumerables beneficios: mejor servicio público, mayor crecimiento económico, mayor fe en la democracia. En una encuesta global en curso que hasta el momento recibió 9,7 millones de respuestas, “un gobierno honesto y receptivo” es la cuarta prioridad más popular en materia de políticas, detrás de la educación, la atención médica y mejores empleos mejor calificados.

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