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Maternidad sobreviviente

El Día de la Madre ya se acerca en muchos países de todo el mundo. Hijos de todas las edades ofrecerán flores, prepararán el desayuno, llamarán a casa.

Así debería ser. En mis viajes por el mundo, en especial por sus lugares más pobres y más atribulados, he aprendido que son las madres las que mantienen unidas a las familias -de hecho, las que mantienen intactas a sociedades enteras-. Las madres son las tejedoras de la sociedad. Ellas son las que hacen que el mundo gire. Sin embargo, muchas veces, el mundo las decepciona.

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Ser madre -el rito de pasaje que celebra el Día de la Madre- puede conllevar una terrible carga de miedo, ansiedad y pérdida para muchas mujeres y sus familias.

Mujeres como Leonora Pocaterrazas, de 21 años, que murió en el parto no hace mucho tiempo en Columpapa Grande, un pueblo de montaña de Bolivia, dejando a su marido solo con la crianza de otros tres hijos propios.

O Sarah Omega, de apenas 20 años, que pasó 18 horas en trabajo de parto en un hospital en Kenia. Su bebé murió, pero ella sobrevivió, a pesar de sufrir heridas tremendas, decidida a hacerse oír para que otras mujeres no tengan que soportar la misma experiencia terrible. "La vida perdió sentido", le dijo a legisladores norteamericanos en 2008. Su testimonio ayudó a persuadir al Congreso de comprometer más ayuda para el desarrollo, destinada a la salud materna.

Estas son sólo dos de las historias muy personales detrás de las estadísticas espeluznantes que reporta el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Las cifras muestran el abismo que existe entre los países ricos y los países pobres en lo que a la maternidad concierne. Es una división que Naciones Unidas está decidida a zanjar.

En el mundo rico, cuando una madre muere dando a luz, suponemos que algo salió mal. Para las mujeres en el mundo en desarrollo, en cambio, morir en el parto es simplemente un hecho de la vida. En algunos países, una mujer cada ocho muere dando a luz. Las complicaciones causadas por el embarazo y el parto son la causa principal de muerte entre niñas de 15 a 19 años en todo el mundo.

En los países pobres, las mujeres embarazadas muchas veces deben valerse por sí mismas; no tienen atención médica ni ningún lugar adonde recurrir. Pueden luchar para encontrar una nutrición apropiada y trabajar muchas horas en fábricas y campos hasta el día en que entran en trabajo de parto. Dan a luz en sus casas, quizá con la ayuda de una matrona que, muy probablemente, no tiene ningún entrenamiento médico.

Yo mismo nací en mi casa, en un pueblo pequeño en la zona rural de Corea. Uno de mis recuerdos de la infancia es preguntarle a mi madre por una costumbre curiosa. Las mujeres que estaban por dar a luz miraban fijo sus zapatos sencillos de goma, que dejaban junto a la puerta trasera.

Mi madre me explicó que se preguntaban si alguna vez volverían a calzarse esos zapatos. Dar a luz era tan riesgoso que temían por sus vidas. En Estados Unidos, hace apenas 100 años, las mujeres tenían una probabilidad aproximadamente 100 veces mayor que hoy de morir en el parto.

Sabemos cómo salvar la vida de las madres. Simples análisis de sangre, una consulta al médico y alguien capacitado para ayudar con el nacimiento pueden marcar una enorme diferencia. Si a esto le sumamos algunos antibióticos básicos, transfusiones de sangre y un quirófano seguro, el riesgo de muerte prácticamente se puede eliminar.

Las cifras recientes demuestran que estamos haciendo progresos a la hora de ayudar a las mujeres en todo el mundo. Aún así, seguimos teniendo un largo camino por delante. Cada año, cientos de miles de mujeres mueren en el parto, 99% de ellas en los países en desarrollo.

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Es por eso que, como secretario general, me he referido públicamente a las necesidades de las madres y de las mujeres embarazadas en cada oportunidad que se me presentó. El mes pasado, Naciones Unidas lanzó un plan de acción conjunta con gobiernos, empresas, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil para avanzar en esta causa vital. Cuento con que la gente en todo el mundo nos respalde para poner fin a este escándalo silencioso.

Ninguna mujer debería tener que pagar con su vida por dar vida. En el Día de la Madre, honremos a las madres en todo el mundo prometiendo hacer todo lo que podamos para que la maternidad sea más segura para todos.