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Blues de verano

FLORENCIA – El verano es un tiempo para la playa y la relajación -e, históricamente, para todo tipo de crisis destructivas-. Una y otra vez resultó peligroso para el mundo estar de vacaciones.

Agosto es un mes especialmente malo para los mercados financieros. El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard M. Nixon puso fin al compromiso de Estados Unidos con un precio del oro fijo, y desde entonces el mundo convivió con la volatilidad y la inestabilidad de la moneda. El 13 de agosto de 1982 (un viernes), el ministro de Finanzas mexicano Silva Herzog fue a Washington para comunicarle al Fondo Monetario Internacional y al gobierno de Estados Unidos que México no iba a poder cumplir con el pago programado de su deuda al lunes siguiente. El 17 de agosto de 1998, el primer ministro ruso Sergei Kiriyenko anunció que su país entraría en cesación de pago y devaluaría al mismo tiempo. Y la primera semana de agosto de 2007, el IKB Deutsche Industriebank se desintegró, conforme la crisis de hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos se propagaba.

Las raíces de esta periodicidad estacional de las crisis son anteriores a la Primera Guerra Mundial, en la era del clásico patrón oro. La explicación por entonces solía encontrarse en el momento predecible del mecanismo de pagos internacionales. A fines del verano, los agricultores del hemisferio occidental llevaban sus cosechas a los operadores para exportar y exigían un pago en efectivo, que los operadores tenían que obtener de sus bancos. La consecuencia era una demanda de oro en Estados Unidos y una creciente presión del tipo de cambio en Gran Bretaña y otros importadores europeos.

El mismo patrón de ejercer presión sobre la libra esterlina se repitió en el período entre guerras. Finalmente, en septiembre de 1931, Gran Bretaña se alejó del patrón oro restablecido, lo que condujo al colapso del sistema en su totalidad.