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Atascados en la transición

LONDRES – El G-8 ha pedido recientemente al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, creado para apoyar las transiciones poscomunistas a la democracia y a las economías de mercado en la Europa central y oriental, que aporte su experiencia a Egipto, pero, ¿qué enseñanzas de las que se desprenden de la experiencia de las transiciones europeas orientales son pertinentes para los países del norte de África y de Oriente Medio?

Una diferencia importante es la de que, al contrario de la Europa oriental en 1989, los países de la “primavera árabe” no tienen economías de planificación centralizada. Si bien el Estado participa en gran parte de la actividad económica y con frecuencia se impugnan los derechos de propiedad, no por ello deja de estar firmemente establecida la propiedad privada. Las subvenciones son cosa común, pero no se fijan los precios. Puede haber impedimentos al comercio internacional, pero nada parecido a lo que sucedía en la Europa oriental, que comerciaba en gran medida consigo misma y de modos artificiales y deformados.

Así, pues, en los países de la Europa oriental de hoy –y en los dos decenios de experiencias de reforma que han contribuido a lo que ahora son– es en los que debemos buscar paralelismos con el norte de África.

Pese a la crisis financiera, el progreso político y económico en la Europa central y oriental ha sido notable. Por otra parte, la mayoría de los países de la antigua Unión Soviética están como gran parte de los de norte de África y de Oriente Medio: “empantanados en el tránsito”. Algunos, como Belarús y Uzbekistán, ni siquiera han iniciado reformas en serio.