Somali girls wait in line to receive a hot meal at a food distribution point in Somalia's capital Mogadishu ROBERTO SCHMIDT/AFP/Getty Images

La red social de la seguridad alimentaria

MINNEAPOLIS – En 2015, con la aprobación oficial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, comenzó a correr el plazo para lograr una meta ambiciosa: la eliminación global del hambre en 2030. En ese momento, el objetivo parecía alcanzable; en los quince años anteriores, la cantidad de personas malnutridas en el planeta se había reducido a la mitad, un logro asombroso atribuido en gran medida a la inversión internacional en infraestructura agrícola y económica.

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Pero entonces el hambre en el mundo volvió a crecer: la cantidad de personas que no tienen suficiente para comer aumentó desde 777 millones en 2015 a 815 millones en 2016. ¿Qué sucedió?

Una parte de la respuesta es tan vieja como la civilización: sequías, inundaciones, conflictos y desplazamientos dañaron las cosechas y redujeron la producción. Pero hay un factor más intangible igualmente importante: la pérdida o deterioro de muchas de las redes que tradicionalmente han ayudado a los granjeros a enfrentar estos desastres.

Para poner fin al hambre en todo el mundo no basta cultivar maíz resistente a sequías; también hay que tener un plan para cuando de todos modos ese maíz no prospere. Es decir, reimaginar las redes sociales es tan importante como elegir los cultivos.

Para los pequeños agricultores y pastores más pobres del mundo, lo único constante es la imprevisibilidad. Como forma de mitigar el riesgo, los habitantes de áreas rurales siempre han recurrido a sus redes personales en busca de información para enfrentar las crisis, mejorar la productividad y limitar las pérdidas de cosecha. Además, esas relaciones han ayudado a intercambiar información y bienes, diversificar las dietas, mejorar las técnicas de cultivo y protegerse contra el hambre.

Pero hoy las redes personales de los granjeros se están debilitando. Las granjas enfrentan condiciones climatológicas extremas con más frecuencia, y en las regiones más pobres hay un incremento de conflictos violentos; estas y otras variables están expulsando de sus tierras a granjeros de todo el mundo. Aunque siempre hubo gente que abandonara sus hogares en busca de seguridad u oportunidades, hoy la cantidad de personas desplazadas alcanzó un máximo histórico.

Todos estos cambios afectan negativamente las estructuras sociales tradicionales de las que dependen las comunidades para la supervivencia, y no se le presta suficiente atención a su importancia para la seguridad alimentaria. Para erradicar el hambre en todo el mundo, es necesario sostener, ampliar y diversificar los fundamentos de la fortaleza rural.

Uno de los mejores modos de hacerlo es invertir en nuevas tecnologías que permitan a los granjeros acceder a información e instituciones que ayuden a disminuir la incertidumbre y mitigar el riesgo. Según un documento de trabajo publicado en 2017 por el programa de investigación sobre cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria del CGIAR (Grupo de Consulta para la Investigación Agrícola Internacional), algunas de las innovaciones más prometedoras en agricultura rural tienen que ver con tecnología y servicios. El acceso a datos, mercados y servicios financieros permite a los granjeros plantar, fertilizar, cosechar y vender productos más eficazmente.

Por el momento, estos tipos de innovaciones no ocupan un lugar destacado en la mayoría de las estrategias de reducción del hambre. Pero de a poco eso está cambiando, especialmente con el aumento de la cantidad de habitantes de las economías emergentes que se conectan con redes móviles y de la accesibilidad de aplicaciones para reunir y compartir información agrícola.

Por ejemplo, en Egipto, Sudán y Etiopía, hay servicios de extensión agraria locales que envían datos meteorológicos en tiempo real por SMS a los agricultores. En África occidental, empresas privadas como Ignitia trabajan para transmitir por SMS alertas climatológicas cada vez más exactas y precisas a granjeros residentes en zonas alejadas.

Pastores mongoles reciben información sobre brotes de enfermedades, que los ayuda a mantener su ganado sano. Y agricultores de todo el Sur Global están empezando a usar servicios basados en SMS para obtener apoyo técnico que les facilita la adopción de nuevas especies y técnicas de cultivo, lo que mejora tanto la gestión de los recursos naturales como los ingresos y la nutrición de las familias.

La conectividad también mejora el funcionamiento de los mercados al permitir a agricultores y pastores obtener información exacta sobre precios, coordinar el transporte y otros elementos de logística, y facilitar el intercambio de alimentos vegetales y animales perecederos. El acceso a medios de pago e información sobre precios a través de dispositivos móviles también permite a los pastores adaptar el tamaño de los rebaños a cambios en las condiciones ambientales, y ayuda a los agricultores a conseguir semillas y fertilizantes para cosechas futuras.

Además, al permitir una transferencia rápida y segura de fondos, los servicios de banca móvil permiten a los productores acceder a los mercados con más eficiencia, reducir los costos de transacción e ingresar a sectores del mercado más valiosos. Los sistemas de pago móvil también facilitan el envío de remesas de áreas urbanas a rurales (un componente cada vez más importante de la economía rural).

Es verdad que la mera existencia de esta tecnología no pondrá fin al hambre. El desafío está en ampliar el acceso a todas estas herramientas y asegurar que satisfagan las necesidades de quienes las usen. Para esto es necesario que las tecnologías móviles se diseñen teniendo en cuenta diferencias de género, educación y acceso a recursos entre los granjeros y la necesidad de adaptarse a circunstancias cambiantes. Hay que supervisar y evaluar los resultados de las herramientas y los programas, y mejorar o sustituir las metodologías ineficaces.

He realizado investigaciones en comunidades rurales de todo el mundo, y una de las características que todas comparten es la dificultad que tienen agricultores y pastores para acceder a información fiable sobre mercados, clima y financiación. En un contexto de desplazamientos y creciente inquietud por el cambio climático, las redes de información tradicionales ya no son suficientes. Los granjeros de todo el mundo, pero especialmente los de las economías en desarrollo, necesitan apoyarse en comunidades digitales.

Para cientos de millones de personas, la información es la diferencia entre la seguridad alimentaria y el hambre. Pero frente a la triple amenaza del cambio climático, el conflicto violento y las migraciones a gran escala, el modo en que esa información se reúne y comparte está cambiando. Las redes personales de los granjeros ahora son globales y electrónicas. Para alimentar a un mundo que cambia aceleradamente, debemos usar la nueva tecnología para reimaginar la forma más antigua de mitigación del riesgo: la comunidad.

Traducción: Esteban Flamini

http://prosyn.org/fsJUG0n/es;

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