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El juego sin fronteras de Asia

NUEVA DELHI – Hoy en día, muchas personas parecen más relajadas que nunca respecto de la nacionalidad, en vista de que la red Internet les permite trabar estrechas conexiones con culturas y personas lejanas, pero los Estados siguen siendo extraordinariamente susceptibles respecto de la inviolabilidad de sus fronteras. Al fin y al cabo, el territorio –incluidos los océanos, la tierra, el espacio aéreo, los ríos y los fondos marinos– es fundamental para la identidad de un país y modela su política de seguridad y de asuntos exteriores.

Los Estados pueden reaccionar ante controversias territoriales ora cediendo algunos aspectos de soberanía, con lo que debilitan su poder e influencia, ora adoptando una estrategia más vigorosa en materia de defensa nacional encaminada a repeler las amenazas actuales y prevenir las futuras. Actualmente, muchos países asiáticos están eligiendo esta última opción.

Piénsese en las controversias territoriales que agitan el océano Índico y otras regiones del Asia oriental, desencadenadas por las repetidas –y cada vez más enérgicas– medidas adoptadas por China para reivindicar la soberanía sobre grandes zonas marítimas. A medida que las incursiones de este país reavivan  desacuerdos que han ido fraguándose desde hace mucho y amenazan con desestabilizar el status quo regional, países de toda Asia están replanteándose sus posiciones estratégicas.

Por ejemplo, las Filipinas están reformando su estrategia de seguridad al aumentar la cooperación con los Estados Unidos, contrapeso de China en la región, tan sólo dos decenios después de haber cerrado dos importantes instalaciones militares americanas, la base naval de la bahía de Súbic y la base aérea de Clark. También Vietnam ha reforzado sus vínculos con los EE.UU. y, después de decenios de ausencia, los Estados Unidos han reanudado programas de formación para el ejército de Indonesia.