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Es tiempo de dejar de mimar a Bielorrusia

Lenin dijo una vez que los capitalistas eran tan cínicos que venderían a los soviéticos la cuerda con que los ahorcarían. Lenin y el comunismo han muerto, pero sigue estando presente esa cínica indiferencia al sufrimiento cuando se trata de obtener ganancias.

Bielorrusia es un claro ejemplo. El Parlamento Europeo la ha denunciado permanentemente como la última dictadura de Europa y, sin embargo, los gobiernos miembros de la UE continúan haciendo negocios como de costumbre con Aleksander Lukashenko, el déspota caprichoso y casi lunático que tiene las riendas del poder en el país.

Esto es particularmente cierto cuando hay una oportunidad de ahorrar o hacer dinero. Por ejemplo, por más de una década las fuerzas policiales, el servicio de aduanas e incluso el Bundeswehr de Alemania han estado haciendo pedidos de uniformes a una fábrica que es propiedad del estado en la ciudad de Dzherzinsky, que lleva el nombre del padre del Terror Rojo y fundador de la KGB soviética, Feliks Dzherzinsky. Abundan otros ejemplos de este tipo de cinismo indiferente.

Al tratar a Lukashenko como a un socio comercial favorecido al tiempo que la UE intenta aislarlo como un paria internacional, la hipocresía europea queda al desnudo. En lugar de apuntalar indirectamente el régimen de Lukashenko mediante estos cómodos tratos, los gobiernos de Europa deben comenzar a actuar de acuerdo con lo que el parlamento de Europa ha comprendido desde hace tiempo: apoyarlo en lo económico sólo prolonga su desgobierno.