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Atenernos a la Resolución

MELBOURNE - La intervención militar internacional en Libia no tiene como fin bombardear para instaurar la democracia u obtener la cabeza del coronel Muamar Gadafi, ni mucho menos mantener bajos los precios del petróleo o altas sus ganancias. Desde las perspectivas jurídica, moral, política y militar, sólo tiene una justificación: proteger a los libios de la clase de daño criminal que Gadafi infligió a manifestantes desarmados hace cuatro semanas, ha seguido infligiendo a quienes se le oponen en las áreas bajo su control y ha prometido infligir a sus oponentes en Bengasi y los demás territorios bajo control rebelde.

Cuando esta tarea se haga, el trabajo de los militares habrá acabado. El pueblo libio mismo debe lograr el cambio de régimen.

No debería ser necesario rearticular y replantear estos puntos básicos. Pero lo es. A pesar de los esfuerzos del presidente de EE.UU. Barack Obama, el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon y otros que se han mantenido en una postura admirablemente centrada y coherente, otras voces - de derechas, izquierdas o simplemente desorientadas - captan la atención de los medios de comunicación y están comenzando a ahogar, o por lo menos confundir, el mensaje básico.

Por ejemplo, los senadores de EE.UU. John McCain y Joseph Lieberman han dicho que el objetivo debe ser no sólo proteger a los civiles, sino también derrocar a Gadafi. El ministro de Defensa británico Liam Fox ha sugerido que Gadafi podría ser un objetivo. Y desde el otro lado, muchos comentaristas - con ansiedad o cínicamente, de acuerdo al gusto - han trazado paralelos con Irak y otros malos usos anteriores de la fuerza militar occidental. Muchos otros hablan de caer inexorablemente en un lodazal al estilo afgano.