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¿Somos todos keynesianos otra vez?

LONDRES – Entre las afirmaciones que se repiten en todas las reuniones en línea acerca del Covid-19, una concita acuerdo universal: la pandemia ha dado paso a una era de mayor y más robusta intervención estatal en la economía. Pero, ¿qué significa esto para el futuro? ¿En qué aspectos de la vida económica puede y debe el Estado hacer más?

Muchos creen que los gobiernos deberían enfrentar las desigualdades y redistribuir una cantidad mayor de ingresos, o que deberían abordar el cambio climático de manera más agresiva. Estas son dos prioridades urgentes. Sin embargo, dado que el Covid-19 es un shock que sorprendió sin preparación a casi todos los países del mundo, el punto de partida natural es alentar a los gobiernos para que proporcionen seguros sociales más amplios y mejores ante este tipo de golpes.

Walter Bagehot, uno de los primeros editores de la revista The Economist, sostuvo que gobiernos y bancos centrales deben actuar como prestamistas de última instancia. La crisis actual ha confirmado que al enfrentar un shock de esta magnitud, los gobiernos también deben ser los aseguradores de última instancia. Ninguna entidad privada sería capaz de fortalecer el sistema de salud (y financiar los gastos resultantes), remunerar a los trabajadores cesantes, salvar empleos otorgando préstamos a empresas que carecen de liquidez, y efectuar transferencias de emergencia a las familias vulnerables. Solamente los estados pueden hacer todo esto.

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