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¿A dónde va la construcción del Estado?

ESTOCOLMO – De repente, el término “construcción de una nación” se ha convertido en una mala palabra, particularmente en Estados Unidos. El trauma de la derrota de Estados Unidos en Afganistán ha provocado una aterrorizada retirada de un concepto que durante mucho tiempo fue central para el pensamiento estadounidense sobre seguridad. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, hubo una comprensión generalizada sobre que la invasión de Afganistán era necesaria para impedir que Al Qaeda tuviera su base allí. Y, por la misma razón, los ataques también lanzaron un esfuerzo más amplio para librar al mundo de territorios sin gobierno que podrían convertirse en plataformas para el terrorismo internacional.

Desde una perspectiva europea, la construcción de una nación nunca fue el término adecuado. Dado que las naciones toman muchas formas diferentes, la verdadera tarea es la de construir el Estado para garantizar que los territorios se gobiernen de una manera razonablemente eficaz. Ese fue ciertamente el caso en Afganistán después de que Estados Unidos derrocó la estructura de gobierno de los talibanes (tal como estaba constituida en dicho momento). Impedir el regreso de Al Qaeda o de otros grupos extremistas dependía del establecimiento de nuevas estructuras de gobierno. Desde el principio se reconoció ampliamente que las operaciones antiterroristas y la construcción del Estado eran conceptos tan diferentes entre sí, como lo es el día de la noche.

En sus memorias, el ex presidente estadounidense George W. Bush escribió con elocuencia sobre el interés estratégico que tenía Estados Unidos en cuanto a “ayudar al pueblo afgano a construir una sociedad libre” a fin de negar a los futuros extremistas una base, y también con la intención de proporcionar “una alternativa esperanzadora a la visión de los extremistas”. El problema con la misión dirigida por Estados Unidos en Afganistán no fueron sus objetivos o sus ambiciones, sino su desordenada implementación y la falta de paciencia estratégica para llevarla a cabo.

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