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Una crisis de deuda estanflacionaria al acecho

NUEVA YORK – Las perspectivas financieras y económicas globales para el año por delante se han deteriorado rápidamente en los últimos meses, a tal punto que ahora los responsables de las políticas, los inversores y los hogares preguntan cuánto deberían revisar sus expectativas y por cuánto tiempo. Eso depende de las respuestas a seis preguntas.

Primero, ¿el aumento de la inflación en la mayoría de las economías avanzadas será temporario o más persistente? Este debate fue acalorado en el último año, pero ahora está esencialmente saldado: ganó el “Equipo Persistente” y el “Equipo Transitorio” –que antes incluía a la mayoría de los bancos centrales y autoridades fiscales- debe admitir que estaba equivocado.

La segunda pregunta es si el aumento de la inflación estuvo impulsado por una demanda agregada excesiva (políticas monetarias, crediticias y fiscales laxas) o por shocks de demanda agregada negativos y estanflacionarios (entre ellos, los confinamientos iniciales por el COVID-19, los cuellos de botella de las cadenas de suministro, una oferta laboral reducida en Estados Unidos, el impacto de la guerra de Rusia en Ucrania en los precios de las materias primas y la política de “COVID cero” de China). Si bien en el combo había factores tanto de la demanda como de la oferta, hoy se reconoce ampliamente que los factores de la oferta han desempeñado un papel cada vez más decisivo. Esto es importante porque la inflación impulsada por la oferta es estanflacionaria y, por lo tanto, hace subir el riesgo de un aterrizaje forzoso (un mayor desempleo y potencialmente una recesión) cuando se ajusta la política monetaria.

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