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De cómo estabilizar a los

WASHINGTON, DC – La violencia reciente en Kazajstán y Tayikistán, luego de la guerra civil en Kirguizistán en 2010, intensificó el temor internacional sobre la seguridad de Asia central conforme la región cobra cada vez más relevancia para el suministro de provisiones de la OTAN a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF por su sigla en inglés) en Afganistán.

Los países de Asia central permiten a los miembros y socios de la OTAN transportar suministros a través de su territorio para respaldar a las fuerzas militares en Afganistán -un complemento esencial para el flujo de provisiones a la ISAF a través de Pakistán, un país vulnerable a las tensiones con Estados Unidos.

Estos países han sido socios lógicos para la OTAN en Afganistán. Comparten las preocupaciones occidentales sobre un resurgimiento de los talibán afganos y su potencial respaldo de los movimientos islámicos extremistas en otros países de Asia central. De hecho, los cinco países de la Asia central post-soviética -Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán- fueron blanco de organizaciones extremistas musulmanas vinculadas con los talibán y Al-Qaeda. 

Es más, los líderes de Asia central están dispuestos a mantener la presencia de la OTAN en Eurasia como una manera de contrarrestar a China y Rusia. Si bien los líderes de la región normalmente mantienen buenas relaciones con ambos países, temen que las fuerzas armadas rusas y el predominio económico chino puedan conducir al surgimiento de un condominio sino-ruso a expensas suyas.