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Una nueva mirada al Sputnik

CABO CAÑAVERAL - Hace más de 50 años (1957), los soviéticos lanzaron el primer satélite en órbita del mundo, superando a EE.UU. en el espacio. Para los estadounidenses, el "momento Sputnik" fue un llamado de atención que empujó a Estados Unidos a aumentar la inversión en tecnología y educación científica. Meses más tarde, EE.UU. lanzó el satélite Explorer 1, con lo que la carrera entró en movimiento. Se animó a los niños a estudiar matemáticas y ciencias, y los conocimientos estadounidenses ayudaron al país ante el desafío.

Pero el ritmo ha disminuido drásticamente desde entonces, y la NASA ha estado tratando desde principios de noviembre de aprestar su último transbordador para el lanzamiento. En diciembre, el presidente Barack Obama habló de la necesidad de un nuevo "momento Sputnik" para revitalizar el papel que Estados Unidos tuvo en el pasado como líder tecnológico.

Irónicamente, ese momento ocurrió dos días después, pero lamentablemente con poca cobertura mediática. Sin embargo, este momento Sputnik - en realidad un "momento Dragon" - transmite un mensaje un tanto diferente. El lanzamiento de la nave Dragon fue, de hecho, un logro en el espíritu estadounidense tradicional. El 8 de diciembre, una empresa de EE.UU., SpaceX, fundada por un inmigrante y financiada principalmente por inversionistas privados de Estados Unidos, puso con éxito una nave espacial en órbita y luego la recuperó tras amerizar en el Océano Pacífico.

El mensaje no es sólo que es necesaria la educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), sino también que este logro de una empresa privada costó sólo una fracción del presupuesto de dinero y tiempo de la NASA. Los gobiernos se desempeñan muy bien en lo referente a la financiación y la investigación, pero las empresas privadas competitivas con ánimo de lucro y gloria tienden a ser más eficientes y rápidas en alcanzar resultados.