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Los nuevos conquistadores españoles

Barcelona: España va bien. Esa frase está en boca de todos actualmente y así debe ser. España no había crecido tanto ni se había sentido tan confiada desde su Edad de los Descubrimientos. Sin embargo, en vez de enviar conquistadores armados, las empresas españolas están explorando el mundo en busca de nuevas oportunidades. Desde el BSCH y el BBVA en la banca, Repsol-YPF, Endesa e Iberdrola en el sector energético y Telefónica en las telecomunicaciones, las compañías españolas han desplazado audazmente a las firmas estadounidenses como principales inversionistas en América Latina. Todas esas actividades han vuelto a colocar a España en el mapa, no sólo como una potencia en el mercado global sino también en la diplomacia.

La liberalización, acompañada del crecimiento económico, ha sido el motor de esta expansión en ultramar. La economía española ha crecido a más del 3% en los últimos cuatro años y ahora crece al 4%. En ese lapso, el déficit presupuestal se ha reducido en 5 tantos y ahora es apenas de alrededor del 1% del PNB, mientras que el desempleo ha caido del 23% al 15%. No es de sorprender que el crecimiento acelerado ha reavivado la inflación, que ahora se topa con los niveles de tolerancia del Banco Central. Sin embargo, los españoles reconocen que no les ha ido tan bien en mucho tiempo y han puesto de nuevo en el poder al Primer Ministro José Aznar con una mayoría parlamentaria que ya no depende de aliados de coalición y con un mandato para modernizar España aun más.

El camino hacia la liberalización en España ha mirado hacia el modelo británico liberal y no, como era tradicional, hacia la forma en que se hacen las cosas en Francia. Durante el primer periodo del Primer Ministro Aznar, su Partido Popular privatizó la mayoría de las empresas del sector público y desreguló muchos de los sectores de servicios. Su nuevo gobierno ha prometido que continuará eliminando el déficit público y abatiendo el desempleo. También ha prometido reducir los impuestos al ingreso, dar bases más firmes al sistema de seguridad social del país y reducir los costos de los despidos. También hay un compromiso para introducir la verdadera competencia que hasta ahora ha faltado en los procesos de privatización de los sectores de energía y telecomunicaciones.

El programa de Aznar es, a la vez, sensato y ambicioso. La pregunta es si su gobierno, que ha realizado grandes esfuerzos con el fin de construir un consenso para sus reformas, será capaz de llevar a cabo medidas adicionales, cuya necesidad ha sido ocultada por una economía favorable y por la moderación en las demandas salariales de los sindicatos.