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Para levantar España

MADRID - Estimulado por el reciente triunfo de España en la Eurocopa de Fútbol 2012, el mes de Julio ha entrado en la historia española al haber comenzado con una desbordante reacción popular de orgullo nacional. No obstante, todo hace indicar que el país terminará el mes sumido en la incertidumbre y el pesimismo.

Jubilosas muchedumbres, banderas de España desplegadas en coches y ventanas, gente cantando: esta imagen de España contrasta señaladamente con la deprimente realidad recogida por las noticias diarias en las que se pueden ver miles de manifestantes alzando pancartas y protestando contra las últimas medidas de austeridad aprobadas por el gobierno. Con uno de cada cuatro españoles sin empleo y unos títulos de deuda soberana cuyo valor apenas supera el de los bonos basura, España parece estar al borde del abismo.

Sin embargo, existen muy pocos estudios que analicen en profundidad la situación española y que evalúen correctamente los factores claves de la fortaleza y la debilidad de España. Hoy en día los analistas tienden a olvidar que hasta principios de la década de los ochenta, España estaba catalogada por el Banco Mundial como país en vías de desarrollo. En efecto, junto con Singapur e Irlanda, España constituye el mayor éxito económico del último cuarto del siglo veinte. Pero España, además de un portentoso incremento de su PIB per cápita (de 7.284 dólares en 1980 a más de 30.000 en 2010), culminó con éxito, bajo el liderazgo inestimable del Rey Juan Carlos, la transición a la democracia y se incorporó a la Unión Europea.

Semejantes proezas siempre acarrean importantes asimetrías, y pactos políticos que acosan a España hasta el día de hoy, por más que fueran fundamentales durante la transición tras la muerte de Franco, cuando los españoles aún sentían el temor de que resucitaran las hondas divisiones de la guerra civil. Además, el éxito del país, unido a una laxa política crediticia de la Eurozona, desembocó en una burbuja financiera cuya explosión sacó a la luz los retos estructurales con los que nos enfrentamos. España exige ahora un esfuerzo de equipo cuyas raíces se asienten sobre la confianza generada por sus logros de los últimos 30 años.