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Poder blando y garrotes duros

LONDRES – Todos recordamos una frase de la primera campaña presidencial de un Clinton.

Cuando Bill Clinton se postuló a la presidencia a principios de los noventa, un miembro de su equipo explicó cuál era el tema central de la elección. “Es la economía, tonto”, dijo. La economía lo explica todo –el empleo, los precios, el ahorro, la vivienda. Determina el estado de ánimo público y fija la agenda política.

Un curioso anuncio que pueden haber visto recientemente en alguna revista refuerza este punto. Es de valijas caras. Mijail Gorbachev está en el asiento trasero de una limusina. Va pasando por el Muro de Berlín. En el asiento, junto a él, hay un portafolio de cuero de la marca de lujo. ¿El mensaje? ¿A quién le importa el Muro? Olvídense de la política; lo que importa es el dinero.

Tal vez las cosas realmente sean así en la actualidad. Hoy el mundo se enfrenta a las consecuencias de la adicción estadounidense a los préstamos y a la avaricia y torpeza de muchos bancos globales. Los conductores se quejan de lo que cuesta llenar el tanque de sus autos. Las amas de casa de los países pobres –y también de los que no lo son—se desesperan por el costo creciente de alimentar a sus familias. En Asia, África, el Medio Oriente y América Latina, sus hijos y sus maridos se rebelan por los precios de los alimentos.