Recep Tayyip Erdogan and Vladimir Putin Mustafa Kaya/ZumaPress

La tentación autoritaria

NUEVA YORK – En este mes hace veinticuatro años que los intransigentes soviéticos, deseosos de detener la naciente transición democrática del país, detuvieron a Mijail Gorbachev y declararon la ley marcial. Millones de manifestantes reaccionaron invadiendo las calles de Moscú y otras ciudades de toda la Unión Soviética. Elementos decisivos del Ejército se negaron a aceptar el golpe y éste no tardó en desplomarse, seguido pronto por la Unión Soviética.

Aunque las condiciones económicas eran terribles en los últimos meses de la URSS, la población veía las libertades que estaban llegando y, a diferencia de lo que sucede actualmente, estaba dispuesta a defenderlas. De hecho, en los primeros años de la transición democrática que siguieron, la mayoría de los votantes poscomunistas no sucumbieron a la tentación de elegir a extremistas que prometían poner fin a los tiempos difíciles que estaban padeciendo, sino que eligieron al candidato más idóneo a su alcance.

Los rusos rechazaron, por ejemplo, a Vladimir Zhirinovsky, un payaso nacionalista y antisemita del estilo de Donald Trump, en favor de Boris Yeltsin, que afrontó los tanques durante el fracasado golpe de 1991 y reconoció que el futuro de su país pasaba por la democracia y Occidente. En Rumania, el poeta extremista Corneliu Vadim Tudor perdió a favor de una sucesión de pragmáticos corruptos, comenzando por Ion Iliescu, que había encabezado el derrocamiento del último dirigente comunista del país, Nicolás Ceauşescu.

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