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Con los hombros caídos hacia Gaza

Con andanadas de cohetes Kassam lanzados diariamente a las ciudades israelíes desde la franja de Gaza gobernada por Hamas y mientras los políticos israelíes compiten para ver quién ofrece la respuesta más dura, la cuestión para Israel hoy se redujo a si invadir o no invadir. Pero ninguno de los dos lados está libre de contradicciones y ambos están atrapados en un acertijo aparentemente irresoluble.

Como gobierno, Hamas ha de ser juzgado por su capacidad para proporcionar seguridad y una gobernancia decente a la población de Gaza, pero como movimiento es incapaz de traicionar su compromiso inquebrantable de combatir al ocupante israelí hasta la muerte. Después de todo, Hamas no fue elegido para hacer las paces con Israel ni para mejorar las relaciones con Estados Unidos. Por más alentadoras que puedan ser algunas señales esporádicas de un giro hacia un realismo político, no está en la agenda inmediata de Hamas traicionar su propia razón de ser respaldando el proceso de paz de Annapolis liderado por Estados Unidos.

La ofensiva de Hamas no es un intento por llevar a Israel a una invasión costosa que pudiera sacudir a su régimen. Más bien, es una estrategia destinada a establecer un equilibrio de amenazas basado en la perpetuación de un conflicto de baja intensidad incluso si se acordara una nueva tregua.        

Hoy, un Hamas cada vez más arrogante y extremadamente armado espera que se acuerde una tregua sólo a cambio de nuevas concesiones por parte de Israel y de Egipto. Estas incluyen la apertura de las fronteras de Gaza, incluso el cruce de Rafah controlado por los egipcios, la liberación de prisioneros de Hamas en Egipto, la suspensión de las operaciones israelíes contra activistas de Hamas en Cisjordania y el derecho a responder a cualquiera violación percibida del cese del fuego por parte de Israel.