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Sonambulismo en los Balcanes

SARAJEVO – Hace casi exactamente trece años, los dirigentes americanos pusieron fin a la guerra de Bosnia, que había durado tres años y medio, mediante el acuerdo de paz de Dayton. Hoy ese país está en peligro real de colapso. Como en 1995, hacen falta decisión y unidad transatlántica para que no entremos, como sonámbulos, en otra crisis.

El primer ministro serbobosnio Milorad Dodik, en tiempos el niño mimado de la comunidad internacional (y, en particular, de los Estados Unidos) por su oposición al nacionalista Partido Democrático Serbio, ha adoptado el programa de este partido sin verse contaminado por su bagaje genocida. Su política a largo plazo parece clara: poner su entidad serbia, la Republika Srpska, en condiciones de escindirse, si surge la oportunidad. Aprovechando las deficiencias de la estructura constitucional de Bosnia, el cansancio de la comunidad internacional y la incapacidad de la UE para atenerse a sus condiciones, en dos años ha invertido gran parte de los avances reales logrados en Bosnia en los trece últimos años, ha debilitado gravemente las instituciones del Estado bosnio y prácticamente ha detenido la evolución del país hacia un Estado que funcione (y sea compatible con la UE).

Las acciones de Dodik han contado con el estímulo y los petrodólares rusos. Además, su rival, el Presidente de toda Bosnia-Herzegovina, Haris Silajdzic, ha subrayado la necesidad de abolir las dos entidades que componen Bosnia para crear un país no federal. Dodik afirma respetar el acuerdo de Dayton y Siladjdzic desea revisarlo, pero los dos están violando su principio básico: un sistema federal dentro de un solo Estado. Esa interacción tóxica es el núcleo de la crisis Bosnia en este momento.

A consecuencia de ello, se han vuelto a intensificar la sospecha y el miedo que provocaron la guerra en 1992. Una dinámica destructiva se está acelerando y el nacionalismo bosnio y croata va en aumento. Las últimas elecciones locales dieron un impulso a los partidos nacionalistas.