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Sesenta años de la “catástrofe” palestina

Mientras el estado de Israel celebra su 60 aniversario, los palestinos recuerdan la Nakbeh , o la “catástrofe” –su historia de desposeimiento, ocupación y falta de nacionalidad-. Pero, para ambos bandos, así como para las potencias externas, los acontecimientos de 1948 y lo que vino después –la ocupación desde 1967 de los restantes territorios de la Palestina histórica- representan un fracaso trágico.

La mayor responsabilidad por este fracaso recae sobre Israel, debido a su continua ocupación militar y sus asentamientos ilegales. A pesar de los homenajes verbales a la paz, la negativa por parte del ejército israelí a abandonar los territorios ocupados sigue siendo una contravención directa de lo que el preámbulo de la resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas calificó como la “ocupación inadmisible de la tierra por la fuerza”.

Sin embargo, la comunidad internacional, los palestinos y los árabes también son responsables, aunque en diferentes niveles. En rigor de verdad, la lista de desilusiones data de antes de la condición de estado israelí y de la propia Nakbeh : la Comisión King-Crane de 1919, el Informe Peel de 1937, el Documento Blanco Británico de 1939, el Comité Anglo-norteamericano de Investigación de 1945 y el Plan de Partición de las Naciones Unidas de 1947. Desde entonces, hemos tenidos las resoluciones 194, 242 y 338 de las Naciones Unidas, el Plan Rogers, el Plan Mitchell, el Plan Tenet, Camp David, Taba, el plan saudita, la “hoja de ruta”, la Iniciativa de Ginebra, People’s Choice y la Iniciativa de Paz Arabe. 

Sin duda, palestinos y árabes también deben asumir la culpa por su incapacidad para enfatizar, reconocer y entender la situación penosa del pueblo judío. Si bien los palestinos no tuvieron nada que ver con el antisemitismo europeo y el Holocausto nazi, no deberían haber hecho la vista gorda ante la tragedia de los judíos. Los palestinos estaban tan encerrados en su oposición al sionismo que no pudieron apreciar las necesidades existenciales de los judíos, de la misma manera que no apreciaron los efectos de los actos indiscriminados de violencia contra los ciudadanos israelíes.