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La importancia de ser aburrido

WASHINGTON, DC – El Fondo Monetario Internacional es una organización inmensamente útil, capaz de suministrar cantidades sustanciales de ayuda financiera y técnica en poco tiempo casi en cualquier lugar del mundo. También tiene la gran ventaja de, casi siempre, ser considerado increíblemente aburrido.

Desafortunadamente para el FMI, ahora necesita un perfil público ligeramente más alto para convencer al Congreso de Estados Unidos de aceptar algunas reformas importantes. La crisis ucraniana puede resultar útil, aunque eso parezca menos probable ahora -lo cual puede ser bueno en la medida en que una consecuencia no buscada podría ser un préstamo a Ucrania que es mucho más de lo que realmente necesita.

En el terreno de la economía internacional, que a uno lo perciban como aburrido confiere poder en tanto permite que se tomen decisiones importantes sin demasiado escrutinio externo. Desde 1918 hasta 1939, la cooperación económica internacional era algo difícil de conseguir -en gran medida porque todos los intentos de acuerdos se articulaban en conferencias internacionales de alto perfil-. Luego de la creación del FMI en 1944, muchas de las mismas decisiones se volvieron rutinarias, mucho menos interesantes y mucho más fáciles de implementar.

El FMI rara vez genera titulares en la primera plana de los diarios de Estados Unidos o en otros países grandes, excepto cuando existe una dimensión personal subida de tono. La última vez que muchos leyeron una noticia sobre el Fondo puede haber sido cuando el entonces director Dominique Strauss Kahn fue expulsado en mayo de 2011, luego de acusaciones de que atacó sexualmente a una empleada en un hotel de Nueva York.