Woodrow Wilson portrait Frank Graham Cootes/Wikimedia Commons

¿Hay que honrar a un racista?

PRINCETON – El mes pasado, en mitad de mi clase de Ética Práctica, varios estudiantes se levantaron y salieron del aula. Iban a unirse a otros cientos en una protesta organizada por la Liga Negra de la Justicia (BJL), uno de entre muchos grupos de estudiantes que han surgido a lo largo de Estados Unidos en respuesta a la muerte de Michael Brown por disparos en Ferguson, Missouri, en agosto de 2014, y las posteriores matanzas policiales de afroamericanos desarmados.

Unas horas después, miembros de la BJL ocuparon el despacho del presidente de la Universidad de Princeton, Christopher Eisgruber, y aseguraron que no se irían hasta ver satisfechas sus demandas, entre ellas: “capacitación en competencias culturales” para el personal académico y no académico; que los estudiantes asistan a clases de historia de los pueblos marginalizados; y la creación de un “espacio de afinidad cultural” en el campus, dedicado específicamente a la cultura afroamericana.

Pero lo que acaparó la atención nacional fue la demanda de cambiar el nombre a la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson de la universidad y al Wilson College, uno de sus institutos residenciales. En el comedor del instituto hay un gran mural de Wilson, que la BJL también desea quitar. En opinión de la BJL, honrar a Wilson ofende a los estudiantes afroamericanos, porque Wilson era un racista.

To continue reading, please log in or enter your email address.

Registration is quick and easy and requires only your email address. If you already have an account with us, please log in. Or subscribe now for unlimited access.

required

Log in

http://prosyn.org/77p2PDw/es;