Shock y pánico

CARDIFF – Ninguna terapia médica es tratada de manera tan diferente por países, regiones, hospitales y médicos como la terapia electroconvulsiva (TEC). Esto es sorprendente en una época en la que los tratamientos que surten efecto deberían ser utilizados, supuestamente, con cierta uniformidad. De hecho, a pesar del consenso de que la TEC es el tratamiento más efectivo para el trastorno depresivo severo, aparece al final de la lista en la mayoría de los regímenes de tratamiento para los trastornos anímicos.

Parte de la incomodidad que genera la TEC surge del pasado oscuro de la psiquiatría, cuando los pacientes en muchos países tenían menos derechos legales que los presos. No hace mucho tiempo, se podían aplicar tratamientos físicos como la lobotomía y la TEC a los pacientes sin su consentimiento, y a veces con fines de castigo.

En cambio, no existe ninguna protesta comparable contra el uso de drogas antipsicóticas, que de la misma manera le fueron impuestas a la gente contra su voluntad -y hasta utilizadas para torturar a los presos-. Y mientras que hoy son pocos los que reciben TEC involuntariamente, y en todos los casos se busca un consentimiento, ya son muchos y cada vez más los que reciben drogas antipsicóticas bajo falsos argumentos, inclusive niños, adultos vulnerables, pacientes con Alzheimer y muchos otros cuyas vidas se acortan como consecuencia del tratamiento, sin que se haga ningún esfuerzo para buscar un consentimiento de ellos.

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