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Shock y pánico

CARDIFF – Ninguna terapia médica es tratada de manera tan diferente por países, regiones, hospitales y médicos como la terapia electroconvulsiva (TEC). Esto es sorprendente en una época en la que los tratamientos que surten efecto deberían ser utilizados, supuestamente, con cierta uniformidad. De hecho, a pesar del consenso de que la TEC es el tratamiento más efectivo para el trastorno depresivo severo, aparece al final de la lista en la mayoría de los regímenes de tratamiento para los trastornos anímicos.

Parte de la incomodidad que genera la TEC surge del pasado oscuro de la psiquiatría, cuando los pacientes en muchos países tenían menos derechos legales que los presos. No hace mucho tiempo, se podían aplicar tratamientos físicos como la lobotomía y la TEC a los pacientes sin su consentimiento, y a veces con fines de castigo.

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En cambio, no existe ninguna protesta comparable contra el uso de drogas antipsicóticas, que de la misma manera le fueron impuestas a la gente contra su voluntad -y hasta utilizadas para torturar a los presos-. Y mientras que hoy son pocos los que reciben TEC involuntariamente, y en todos los casos se busca un consentimiento, ya son muchos y cada vez más los que reciben drogas antipsicóticas bajo falsos argumentos, inclusive niños, adultos vulnerables, pacientes con Alzheimer y muchos otros cuyas vidas se acortan como consecuencia del tratamiento, sin que se haga ningún esfuerzo para buscar un consentimiento de ellos.

Si bien quienes se oponen a la TEC creen que causa daño cerebral, es algo difícil de demostrar. Al igual que las drogas antipsicóticas, los antidepresivos y los tranquilizantes, la TEC tiene un efecto orgánico inmediato. Pero, mientras que la TEC rara vez -si es que esto alguna vez sucede- causa una clara evidencia clínica de daño cerebral, cosa que quedó demostrada en estudios con animales, las drogas antipsicóticas normalmente tienen este efecto, que se presenta a través de la diskinesia tardía y otros síndromes. Lo mismo es válido para los antidepresivos.

No se cuestiona que la TEC puede causar pérdida de memoria a corto plazo. Pero a los críticos les ha resultado difícil demostrar problemas de la memoria u otros trastornos cognitivos que perduren más allá de tres meses. Tampoco se le pueden atribuir fácilmente a la TEC los disturbios perdurables de la memoria autobiográfica y la incapacidad de recordar listas, porque rara vez esta terapia se administra sola.

De hecho, muy pocos de los que reciben TEC no reciben también benzodiazepinas, que sí causan problemas importantes de la memoria autobiográfica cuando se las suministra solas, y drogas antipsicóticas, que causan dificultades con las listas de nombres o con los números telefónicos, y otros problemas comparables. Sin embargo, rara vez -y quizá nunca- se culpe a estas drogas de cualquier disturbio cognitivo después de un tratamiento psiquiátrico.

La imposibilidad por parte de los críticos de la TEC de demostrar lo que a ellos les resulta obvio indica una conspiración activa para minimizar los problemas inducidos por el tratamiento e impedir que aquellos que han sido afectados por el tratamiento busquen algún tipo de compensación. Por cierto, en reuniones recientes de pautas en el Reino Unido sobre la cuestión de la TEC, no estuvo presente ningún representante de la psiquiatría, pero sí muchos de grupos de pacientes. La psiquiatría organizada parece tener poco interés en la TEC, o teme el acecho de los abogados de los pacientes.

Como resultado, hasta la evidencia de que el estado anímico y clínico de una persona se ha mejorado significativamente después de aplicarse la TEC se puede transformar en evidencia de daño cerebral. Cuando los pacientes salen a decir que la TEC los favoreció, o la historia clínica de un paciente revela una mejoría clínica después del tratamiento, las aparentes mejoras se leen como un indicador de la desinhibición y la vacuidad que acompañan al daño cerebral.

Existen mejores blancos en la salud mental que la TEC. ¿Quién se preocupa por los millones de personas que se están volviendo físicamente dependientes de los antidepresivos? ¿Dónde están las protestas sobre los niños de un año que son tratados con drogas antipsicóticas? ¿Cómo es posible que, dado que ninguna compañía con drogas actualmente patentadas está haciendo campaña para ayudar al personal médico y de enfermería a reconocer las características catatónicas manifestadas por uno de cada diez pacientes que pasan por una unidad psiquiátrica -características que se podrían tratar rápidamente con benzodiazepinas o TEC-, estas características se ignorar por completo? ¿Por qué es prácticamente imposible encontrar algo que no sea denigración de la TEC en Internet y sólo testimonios encendidos sobre los tratamientos con fármacos?

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Los críticos de la TEC parecen pensar que, si no protestan contra su uso en toda oportunidad que se les presenta, sus defensores la aplicarán a gente que no la necesita. Pero, a diferencia de las drogas antipsicóticas, no hay ningún departamento de marketing que tenga como objetivo maximizar la TEC.

Este foco visceral sobre la TEC casi con certeza hizo que más gente terminara dependiendo de los fármacos, y como consecuencia derivara en un mayor daño cerebral y alteraciones de la memoria. A veces parece que los críticos se comportaran según la ilusión romántica de que si tan sólo pudieran abolir la TEC, la enfermedad mental desaparecería con ella. Sigmund Freud habría estado fascinado.