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Un nuevo paradigma de paz

TEL AVIV – El colapso de otro intento estadounidense más para mediar en un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos debiera dar lugar a algo más que acusaciones. Debiera estimular la reconsideración fundamental de un paradigma de conciliación –las negociaciones bilaterales directas, bajo la tutela de EE. UU. – que hace ya mucho perdió su relevancia.

Si bien EE. UU. continúa siendo un actor mundial indispensable, ya no está dispuesto a usar la diplomacia coercitiva en su cruzada por un nuevo orden. Pero no es solo cuestión de voluntad; EE. UU. ha perdido su capacidad para intimidar a otros países, incluso a aliados y clientes, como Israel y la Autoridad Palestina.

Tan solo en Oriente Medio, EE. UU. ha exigido al máximo sus capacidades en dos guerras controvertidas; fracasó reiteradamente en sus mediaciones de paz entre Israel y Palestina; distanció a las potencias regionales clave; y decepcionó en cuestiones como el programa nuclear iraní y la guerra civil siria. Todo esto ha reducido su capacidad para moldear el futuro de la región.

El problema no se limita a Oriente Medio. A pesar de su declarado giro estratégico hacia Asia, la administración del presidente estadounidense Barack Obama ha hecho poco por ocuparse de los esfuerzos chinos, cada vez más agresivos, para reivindicar sus reclamos territoriales en los mares de China Meridional y de China Oriental, o las afrentas de Corea del Norte al statu quo en la península coreana. Si sumamos a eso la débil respuesta estadounidense frente a la anexión rusa de Crimea, no sorprende que los líderes israelíes y palestinos hayan desestimado sus tentativas de paz.